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TERRITORIO NEGRO

El marine asesino de Madrid. Entrenado para matar

Hay personas que han sido entrenadas para matar. Y personas que mueren solo por estar en un lugar equivocado. Eso ocurrió en Madrid, hace tres años. Dos mujeres y un hombre que estaban en el despacho de un abogado fueron asesinadas por un tipo, un veterano de la guerra de Irak. En el territorio negro, contamos cómo ese ex militar había preparado el crimen perfecto, pero no encontró a la víctima que estaba buscando.

Manu Marlasca | Luis Rendueles

Nos situamos en el barrio de clase trabajadora, en Madrid. El número 40 de la calle Marcelo Usera, una de las principales del barrio. La tarde del 22 de junio de 2016, hace casi tres años. De uno de los pisos, sale humo, mucho humo, parece que hay un incendio dentro de un despacho de abogados.

A las siete menos veintidós minutos de la tarde, la emisora de los bomberos avisa de que hay un código 4.1, es decir, un incendio en un piso y que dentro puede haber personas atrapadas. Dos dotaciones del Parque V llegan hasta allí. Sale mucho humo de la ventana y en la calle están algunos vecinos, también dos clientes del despacho y el abogado, el dueño del negocio, un ciudadano peruano llamado Víctor Joel Salas, que les explica que no ha podido entrar por el humo. Dentro, les dice, pueden estar dos trabajadoras que no contestan a sus llamadas de teléfono móvil.

Los bomberos consiguen entrar en el piso y lo que ven es, además de un incendio provocado por alguien, el escenario de un crimen, o más bien de tres crímenes, tres asesinatos.

Nada más entrar en el primero izquierda, el sargento de los bomberos ordena sofocar un pequeño incendio. Cuando lo hacen, ven que debajo de un montón de papeles está sepultado el cuerpo de un hombre que ha recibido al menos seis fuertes golpes en la cabeza. Al fondo del piso, ven un sofá que tapa la entrada a un despacho y descubren otro incendio. Allí van a recuperar también dos cuerpos, de dos mujeres. Una de ellas ha sido degollada y la otra tiene una puñalada en el pecho, además de otras heridas. Los tres están muertos.

La policía averigua muy pronto quiénes son dos de las víctimas, las dos mujeres

El abogado Salas, que está allí mismo, en la calle, bajo su despacho, les confirma que son su colaboradora, la joven abogada Elisa Consuegra, que tenía 31 años y su secretaria, Maritza Osorio, de 51. La tercera víctima, el hombre, es Pepe Castillo, un ciudadano ecuatoriano de 43 años que se ganaba la vida en España y que había ido esa tarde al despacho para llevar unos papeles, documentación de su pareja y madre de su hijo, entonces un crío de dos años y medio, necesaria para renovar los permisos de residencia en nuestro país.

Es decir, la tercera víctima pasaba por allí de casualidad. El asesino no iba a por él. La persona que cometió los tres asesinatos no conocía ni había hablado ni sabía el nombre de sus víctimas. Las dos mujeres fallecieron por ser empleadas del despacho, por estar allí trabajando. Las dos eran cubanas y las dos eran personas honradas. Maritza, la secretaria, estaba divorciada y Elisa, la joven abogada, acababa de terminar un master en Madrid y tenía una carrera prometedora.

Y la policía, el Grupo V de Homicidios, investiga la escena del crimen, ese escenario con tres cuerpos y dos incendios provocados para borrar pistas. Parece obra de un profesional, un sicario

La inspección del despacho de abogados ha sido fundamental para lograr identificar al asesino y, si es posible, luego veremos, condenarlo. Pero a veces, esos hallazgos también pueden despistar. En el cuarto de baño del despacho de abogados, los policías encuentran un vestigio muy peculiar. Alguien, casi con toda seguridad el asesino, ha dejado en el suelo una tarjeta de visita donde se ve una calavera cruzada por dos fusiles kalashnikov. Y en la parte de atrás hay escrito: cártel de Juárez, una poderosa y cruel organización mejicana de narcotráfico liderada por la familia Carrillo.

La policía habla con el superviviente, el dueño del despacho de abogados. Se llama Víctor Joel Salas. Lo que les cuenta va a cambiar la investigación. Llegó a España huyendo de Perú, su país. Allí trabajaba en la administración de justicia y en el tribunal que condenó en el año 2008 al jefe de un cartel de drogas llamado Estrella de David. El narco no estuvo conforme, digamos, y anunció que mataría a los jueces y al secretario, que era él. Así que cuando el primer juez fue asesinado, el abogado Víctor Joel Salas se vino a España y abrió despacho en Madrid.

Pero la pista de sicarios enviados por grupos de droga queda pronto descartada. Se miran otros clientes del despacho digamos peculiares o que pudieran estar un tanto descontentos

La policía revisa la historia de algunos de esos clientes. Hay un cliente descontento que le amenazó, también otro cliente cubano que rompió los dientes a un agente que le sorprendió haciendo un ritual de santería junto al templo de Debod, al lado del paseo Rosales... pero la declaración del abogado Salas va a orientar los pasos de la policía hacia alguien que ni siquiera había sido cliente del despacho.

¿Qué cuenta este abogado?, es un superviviente porque si hubiera estado en el despacho también le hubieran matado

Víctor Salas explica que el día del crimen le llamó su compañera de despacho, Elisa. Eran las tres menos veinte de la tarde y ella le pide que fuera hasta allí. Le contó que había un hombre, un tipo extraño, que se había metido en el cuarto de baño. Es un cliente nuevo, desconocido, dice que tiene que tratar con el abogado Salas un asunto de seguros, que puede haber un millón de euros en juego. El abogado le contesta que ahora no puede ir y que estará en el despacho hacia las cinco, que se lo diga a ese hombre cuando salga del cuarto de baño.

Ese hombre fuerte y raro sale del cuarto de baño con un cuchillo y mata a las dos empleadas del despacho de abogados. Luego, espera durante más de dos horas a que llegue el abogado Salas para matarlo también. Pero quien llega es Pepe, el ecuatoriano que va a llevar unos papeles de su pareja

Antes que el abogado llega Pepe, a dejar esos papeles. Y el hombre fuerte le sorprende y le golpea seis veces en la cabeza. Lo mata a la entrada del despacho. Luego, coloca objetos y papeles sobre los tres cuerpos y provoca dos incendios sobre ellos. Se va antes de que lleguen el abogado, los bomberos y la policía.

Y ahora volvemos a ese lugar del crimen donde se había encontrado una pista que había dejado el asesino para despistar. Allí se encuentra, bajo la mesa del despacho, una botella de agua que va a ser muy importante en este caso

Eso es. Una botella de agua deformada por el incendio, que los técnicos aseguran que ha estado llena de gasolina, y también un tapón, de color verde y de plástico, que está muy cerca. Se trata de un agua mineral no muy común en España. Es de la marca Volvic. Los investigadores contactan con el distribuidor en España y este les da un dato valioso: el agua Volvic solo se vende en nuestro país con tapón sport tipo boquilla, nunca con tapón de rosca como el que se ha encontrado en el lugar del triple asesinato. Los países donde se vende ese agua mineral con tapón de rosca son Gran Bretaña y Alemania.

¿El abogado Salas conocía a alguien en esos países que pudiera querer hacerle daño?

La declaración del abogado va a ayudar a situar a esa persona. Víctor Joel Salas cuenta a la policía que el 21 de abril, un par de meses antes de los asesinatos, había conocido en Madrid, bailando en una discoteca, a una mujer alemana llamada Irina. Ella, que trabajaba en una farmacia en su país, estaba haciendo un curso de español en Madrid. Los dos se conocieron, se gustaron e iniciaron entonces una relación íntima. Ella volvió a su país y pensaban irse de vacaciones juntos. En mayo decidió separarse de su marido, un hombre llamado Dahud Hanid Ortiz, que le cogió el teléfono móvil y vio el perfil de whatsapp del abogado Víctor y sospechó de la relación.

Y ese hombre, nacido en Venezuela y nacionalizado estadounidense, tuvo una reacción violenta cuando su mujer le anuncia que van a separarse

Cuando su mujer le dice que va a dejarlo, coge un cuchillo y amenaza con cortarse. Luego, se arrodilla y se golpea la cabeza contra el suelo, con fuerza. Se hace una herida y tienen que llevarlo al hospital. Al día siguiente, se va de casa y vive durante una semana en la caseta de un jardín. Dahud Ortiz es un tipo complicado. Fue marine del ejército norteamericano, llegó a ser sargento del cuerpo de ingenieros, participó en misiones en Corea del Sur y también en Irak. Allí fue herido y luego condecorado con el Corazón Púrpura. Sufría estrés postraumático y había sido licenciado con deshonor del ejército después de falsificar documentación para tener derecho a unas ayudas para vivienda. Antes de todo eso, había estado destinado en una base militar en Alemania, y allí conoció a Irina, la mujer que ahora le anunciaba que se separaba de él.

Estamos en mayo del año 2016, un mes antes de los tres asesinatos en Madrid. Y ese marine llega a llamar al abogado Víctor Salas a Madrid. Y le amenaza. Le anuncia que sabe lo suyo con su mujer. Y le dice: "he sido soldado, me han entrenado para matar y voy a ir a por ti. Sé quién eres. Deja en paz a Irina, es mi mujer".

Ya no es su mujer, se han separado, pero la amenaza queda ahí. Y este ex militar, entrenado para matar, sigue viviendo en Alemania y sigue viéndose con su ex mujer. Durante el mes de junio sigue viéndola, escribiéndole mensajes casi a diario, hasta tres veces al día. La excusa es ver a los perros que el matrimonio tenía y que se habían quedado en casa de la mujer, Irina, en un pueblo de Alemania llamado Wurzburg.

Y así llegamos al 22 de junio, cuando se producen los tres asesinatos de Madrid.

Esa noche, el abogado Salas avisa a su pareja, Irina. Han asesinado a tres personas en su despacho y él cree que puede haber sido el marine. Le pide a la mujer que se proteja. Ella piensa que no puede haber sido su ex marido. Esa misma tarde la ha llamado por teléfono, se oía mal, pero el hombre le había mandado también la ubicación de donde estaba y era en Alemania. También le había hecho llegar una foto de unas tortugas que había en la casa que compartía con un estudiante indonesio y hasta el ticket de un restaurante donde supuestamente había comido ese día, en Alemania todo ello. De forma que no podía haber estado en España ese mismo día.

Pero la policía española sigue investigando, a pesar de que este militar ha presentado coartadas aparentemente impecables

Tan impecables que pueden parecer prefabricadas. Dos agentes viajarán a Alemania y descubrirán que el ex marine fue a ver a su suegra y le explicó que toda su familia corría peligro, que habían matado a un novio de Irina en España y a dos personas más, que eran gente vinculada con la droga, peligrosos... Todo para apartar a Irina del abogado que vive en Madrid. La madre de su mujer cuenta a la policía que cuando Dahud supo que el hombre muerto en Madrid no era el abogado, se enfadó mucho.

Y los días siguientes sigue enviando mensajes a su ex mujer.

Hasta 27 mensajes. Le envía por ejemplo la información que se publica sobre el triple asesinato, le dice que tiene la culpa de todo y que él se va a suicidar. Y le advierte: "si sigues con ese hombre, entrégate a él por completo, pero no te involucres en la investigación de la policía, no te expongas a peligros, disfruta de la vida". Antes le había dicho que "gente muy mala quiere patearle el culo a tu novio". Y, en un mensaje anónimo en inglés, ruso y alemán: "no vayas a Madrid a ver a Víctor Salas, estarás en peligro. Nuestra organización te cortará la lengua".

Pero esta mujer alemana fue valiente, vino a España y colaboró con la investigación, con su marido, sospechoso de un triple asesinato, amenazándola

Así fue. La policía descubre que el 5 de julio de 2016, dos semanas después de los asesinatos, Dahud Ortiz había cogido un avión en Alemania con destino Bogotá, en Colombia. Sospechan que luego ha pasado a Venezuela, el país donde nació y donde vive su hermana. Irina estaba aterrorizada. Y entrega su ordenador portátil a la policía española porque sospecha que su ex marido la espía de alguna manera.

El 10 de julio, ella y Víctor hablan de irse a vivir juntos a Barcelona cuando termine esa pesadilla. Poco después, su ex marido le manda un mensaje de whatsapp donde dice: "Barcelona, un lugar que parece demasiado caluroso para los perros". No es una casualidad. La policía española analiza el portátil de la mujer y descubre que el ex marine americano le había instalado al menos dos programas espías en el ordenador. Uno de ellos, llamado Sniperspy permite observar en tiempo real todo lo que hace el dueño de ese ordenador, en este caso la mujer. Permite encenderlo a distancia, apagarlo, ver donde se conecta, los mensajes que envía... Y también captar conversaciones de ambiente.

Pero este militar del ejército de Estados Unidos estaba en Alemania el día de los tres crímenes. ¿Contrató un sicario? Su teléfono móvil estaba en Alemania, pero Dahud Ortiz estaba en Madrid. La policía española interrogó en Alemania al estudiante indonesio con el que vivía tras su separación de Irina. Y este lo explicó todo: antes de venir a Madrid para cometer los asesinatos, el marine le dio su viejo teléfono móvil. Le dijo que iba a verse con una mujer y que su ex esposa no debía enterarse. También le dio su tarjeta de crédito y le pidió que pagara con ella en un restaurante el día 22 de junio, también que pasara ese día su tarjeta electrónica en el gimnasio al que iban. De esa forma, el marine demostraría que mientras mataba en Madrid "estaba" en Alemania.

Pero este asesino habló con su mujer desde Alemania el día de los crímenes, mandó la ubicación de su teléfono y estaba allí. Dahud había conseguido otro móvil y llamó desde allí a su amigo indonesio. Su amigo llamaba entonces a su mujer desde el teléfono de siempre y pegaba los dos móviles. De esa forma, Irina pensaba que su ex pareja estaba en Alemania y no había podido cometer los crímenes. La ubicación era la del viejo móvil, no la del nuevo.

La policía española fue desenredando todas esas telas de araña que tejió el marine para confundirles. Y el análisis del teléfono móvil nuevo remató las pesquisas. Ese teléfono que usó el marine muestra que entró por el País Vasco en España el 21 de junio, el día antes de los asesinatos. Su móvil nuevo pita en la antena de Oiartzun, Guipúzcoa, a las nueve y dieciséis de la noche. El 22 de junio, el teléfono se apaga durante tres horas, que coinciden con los tres asesinatos, hasta las ocho de la tarde, cuando le sitúa en el barrio de Usera, en Madrid, muy cerca del lugar de los crímenes. Luego, ya refleja su camino de regreso hacia Francia. Su compañero de piso cuenta que llegó al día siguiente, con una herida en una mano a la que había echado pegamento para cerrarla. Le dijo que había tenido un accidente de tráfico y se había hecho daño al cambiar la rueda.

Con todas esas pruebas, se dicta una orden internacional de busca y captura contra Dahud Ortiz. Y finalmente, en octubre del pasado año, este triple criminal fue detenido en Venezuela, donde se escondía

Antes, había enviado un correo electrónico a Svetlana, la hermana de Irina, su ex mujer. Allí había explicado que ella le había "destrozado" y le confesaba: "he hecho cosas horribles, las personas pueden perder la cabeza y yo la he perdido. Nadie me olvidará, ni lo que ocurrió. Espero desaparecer lentamente de vuestras vidas".

Y ahora viene el final digamos amargo de esta historia, al menos por el momento. Venezuela ha rechazado entregar a España a este asesino

El Tribunal Supremo venezolano rechazó la extradición del marine asesino. La información que tenemos, el fin de semana hablamos con el abogado Víctor Salas, el superviviente de esta historia, que nos confirmó que Ortiz sigue preso en una cárcel de Caracas, pero no tiene esperanza de que Venezuela lo entregue para que se haga justicia. Se trata de un país, un estado casi fallido, así que cualquier cosa puede pasar. Muy posiblemente, será cuestión de dinero.