Burdeos alberga unas nueve mil bodegas, conocidas como châteaux. “Los bordeleses, con mucha pompa, le llaman château a casi cualquier lugar donde hacen vino”, señala Elena del Amo, aunque muchos de estos lugares son auténticos palacios del siglo XVIII. La región se divide en siete zonas vitivinícolas, entre ellas Sauternes, Pomerol y Saint-Émilion —este último, además, es un pueblo medieval declarado Patrimonio de la Humanidad—. Uno de los recorridos más impresionantes es el de la carretera D-2, conocida como “la carretera de los castillos”, que atraviesa la región del Médoc, desde Burdeos hasta el norte.

Un recorrido entre viñas y nombres míticos
La carretera D-2 discurre entre el estuario de la Gironda y las playas del Atlántico. Allí aparecen nombres emblemáticos como Château Margaux, Château Latour, Château Lafite o Mouton-Rothschild. Aunque Latour solo abre a profesionales, “decenas de bodegas permiten las visitas”, muchas de ellas con catas incluidas desde 10 ó 15 euros. “Château Mouton-Rothschild tiene un museo alrededor del vino que no habría que perderse”, comenta Elena, con piezas históricas y etiquetas diseñadas por artistas como Dalí, Picasso o Warhol.

Consejos prácticos y escapadas
“Yo intentaría reservar siempre, sobre todo ahora en vendimia”, recomienda Elena del Amo, ya que algunas bodegas cierran o limitan sus visitas en estas fechas. La región también ofrece otros atractivos: Burdeos capital, pueblos como Blaye (con ciudadela de Vauban) o el hotel-spa de Caudalie, pionero en vinoterapia.

Para explorar la D-2, “un par de días te dan, mejor elegir bien elegida una o dos bodegas”, aconseja. También es posible recorrer la zona en bicicleta o visitar bodegas familiares. Desde San Sebastián, son solo tres horas en coche.

Puedes escuchar el reportaje completo de Elena del Amo en Gente Viajera, el programa de viajes de Onda Cero, que se emite de 12:00 a 14:00h con Carles Lamelo.
