ISLAS BALEARES

Formentera, paraíso de sensaciones

Formentera tiene mucho encanto, es un pequeño paraíso, pero también tiene mucho que ver y conocer. Formentera seguramente sea la más mágica de las Islas Baleares, bañada en un mar de un color maravilloso, y un lugar excepcional y único, de esos que enamoran desde el primer momento.

Enrique Domínguez Uceta

Madrid |

No hay que pensarlo dos veces, siempre apetece venir a Formentera y siempre nos vamos de la isla con pena. Dejar pasar el tiempo aquí es como ir al cine, parece que estás en un sueño sacado de la fantasía, irreal por tanto, y con algo de mítico y de místico... Seguramente lo más irreal no es sólo la belleza, es la diferencia de que apenas hay coches, no hay industria, nadie llega lleno de ambición a hacer grandes negocios, hay poca especulación en comparación con otros lugares del Mediterráneo y los que llegan suelen hacerlo con la ilusión de olvidarse de todo. Es como entrar en un mundo perdido, en un paraíso olvidado.

Formentera tiene playas paradisíacas de aguas turquesas
Formentera tiene playas paradisíacas de aguas turquesas | Unsplash

Es, seguramente, la isla balear que menos ha cambiado con el paso de los años, la que se mantiene más pura. Incluso no han cambiado mucho las construcciones, no hay grandes edificios, no hay mucha densidad ni mucho volumen, por eso no cuesta trabajo imaginar también su historia y la manera en que se vivía entes de la llegada del turismo. Es una isla de sensaciones, pero también tiene su historia y su cultura, su modo de ser tiene un pasado. Muy antiguo, por cierto, porque se ha encontrado en Ca na Costa un sepulcro de casi cuatro milenios de antigüedad, lo que demuestra la presencia humana al menos desde hace todo ese tiempo, aunque sabemos poco de los barcos en que llegarían, porque estamos hablando de habitantes de la Edad del Bronce. Y no te creas que se encontró hace mucho, fue en 1974. Como Formentera está muy cerca de Ibiza, sus historias van muy unidas, hay testimonios de la presencia de fenicios en la isla, y los romanos dejaron restos de un campamento en Can Blai. La isla entra en la historia en aquellos tiempos, Estrabón la llama Ophiusa, y destaca, como Ibiza, por ser una isla cubierta de pinares... ha estado habitada de manera continua, y cuando llegaron los conquistadores catalano-aragoneses vivía en ella una comunidad de musulmanes... No fueron buenos tiempos para la isla, porque este pequeño territorio, en realidad un arenal bastante llano que llamamos Formentera, era difícil de defender en tiempos en que piratas berberiscos y armadas poderosas imponían su voluntad en el Mediterráneo.

Iglesia parroquial de Sant Francesc Xavier, Formentera
Iglesia parroquial de Sant Francesc Xavier, Formentera | Lorena Pérez Mansillas

No hay prácticamente ningún resto de la época musulmana, casi todo lo que queda o es romano o es ya posterior, de la época cristiana. El miedo a los piratas estaba muy justificado, porque Formentera está más cerca de lo que parece de las costas del norte de África. Unos 230 kilómetros en línea recta, y solo 250 hasta Argel, por eso todo cambió cuando a finales del siglo XVII construyeron la iglesia fortificada de San Francesc Xavier, en el interior de la isla, para que pudiera acoger a los habitantes en caso de peligro. También se pusieron torres de vigilancia en la costa, muchas para una isla tan pequeña, porque hay seis torres costeras de defensa que recuerdan que este mar estuvo lleno de piratas. Y todavía quedan los tres templos cristianos, el de Sant Francesc Xavier en la capital, que todavía conserva las puertas forradas de hierro que demuestran que era una mini fortaleza, la iglesia de Nuestra Señora del Pilar en La Mola y la iglesia de Sant Ferran de Ses Roques, que es la más tardía, porque se inauguró en 1889, y es la más pequeña de las tres, pero todas están funcionando y se pueden ver.

Faro de La Mola, Formentera
Faro de La Mola, Formentera | Unsplash

La Mola: el faro que inspiró a Julio Verne

De todo lo que hay que ver en Formentera, seguramente lo más impresionante es el faro de la Mola, que inspiró a Julio Verne para su novela Héctor Servadac y seguramente también para la obra El faro del fin del mundo. El de La Mola es un faro muy espectacular, porque está en la única parte elevada de la isla, la masa rocosa de la Mola, cubierta de pinares mediterráneos que exhalan un intenso aroma a resina. En esa parte elevada, sobre el acantilado, se levanta el faro, y en ese promontorio está también el pueblo con su iglesia, y está también El Mirador, desde donde se tiene la mejor vista sobre la propia isla, una vista casi aérea, situado en la carretera que sube a La Mola. Y desde allí ves el estrecho brazo de tierra que une la Mola con la parte del puerto, al otro lado de la isla, con sus dos playas tan cercanas, una a cada lado de ese estrecho istmo, a la derecha, la playa de Llevant, y al otro lado la larga playa de Migjorn. Más que los monumentos, impresiona la sencillez, la modestia y la prudencia que transmiten, esa calma de los baleares que procede de aquellos tiempos difíciles.

Torre de defensa, Formentera
Torre de defensa, Formentera | Pixabay

Una isla de distancias cortas salpicadas de patrimonio

Como en Formentera todo es pequeño y asequible, todo lo podemos ver con facilidad. Al paso, no hace falta ir a ver las cosas, las encuentras en los pocos caminos que hay uniendo el puerto, que está en La Savina, con la capital, Sant Francesc, y en los caminos que llevan a Sant Ferran y Es Pujols, muy cercanos. O el más largo que lleva hasta Pilar de la Mola. Todos los pueblos son pequeños, de casas cúbicas blancas y sin edificios en altura. Y si vamos a verlos podemos detenernos en el sepulcro de Ca na Costa, que está junto al Estany Pudent, en el camino que va de Port de la Savina a Es Pujols, podemos ver la muralla megalítica de Sa Cala, el castellum romano de Can Blai, las iglesias que están en sus pueblos, en Sant Francesc, en Sant Ferran y en La Mola, podemos ver las torres de defensa salpicando el litoral, y una cueva natural, Sa Cova d’en Jeroni, que recuerda a menor escala a las Cuevas del Drach en Porto Cristo, en Mallorca, cerca de Manacor. Todo fácil de ver, son como pequeños acentos históricos que uno encuentra en cualquier paseo por la naturaleza de la isla, pero también hay que fijarse, por ejemplo, en los molinos.

Uno de los molinos de Formentera
Uno de los molinos de Formentera | Pixabay

Siempre hablamos de los molinos de La Mancha, pero los de Baleares no tienen nada que envidiarles. Son muy bonitos, erguidos para poner sus velas frente al viento, como el Molí Vell de la Mola, pero hay otras construcciones de tipo práctico, rurales de piedra seca, muy pegadas al suelo, las casetas y chamizos para guardar las barcas llamados varaderos o escars, hay un conjunto precioso aquí cerca, en Es Caló, y merece también disfrutar del paisaje geométrico de las salinas, que era la única industria de la isla en tiempos antiguos, la de sacar sal del agua marina, y todos esos vestigios nos hablan de una forma de vida antigua, dura y muy sacrificada, que ya es parte del pasado. El turismo ha hecho desaparecer los trabajos agrícolas casi por completo y ahora justifica los museos y eco museos que cuentan algo que ha desaparecido a finales del siglo pasado.

Varaderos de embarcaciones en Es Caló de Sant Agustí
Varaderos de embarcaciones en Es Caló de Sant Agustí | Lorena Pérez Mansillas

Los mercadillos artesanales, imprescindible visita desde mayo

Lo que sí que queda todavía es la artesanía, que es la otra cara del mundo antiguo que no ha desaparecido por completo. No son los artesanos tradicionales, se ha ido transformando el sector y ahora Formentera tiene muchos artesanos y artistas que hacen cosas preciosas con materiales naturales. Entramos hoy en el mes en que se abren los mercadillos de artesanía aprovechando el buen tiempo y la llegada de clientes en forma de turismo. Abren ya el mercadillo de artesanía de La Mola, donde venden ropa artesana, joyas, pinturas, verdaderas obras de arte hechas por los artistas artesanos que han llegado a la isla para quedarse. La artesanía es la vertiente productiva de una actitud vital próxima a lo que tuvieron los hippies que se asentaron aquí hace ya muchas décadas en torno a la Fonda Pepe, en Sant Ferran, que también tiene su propio mercadillo a partir del mes de junio, y hoy sigue atrayendo a los sucesores de aquellos hippies, al ecologismo más hedonista, más gozador y disfrutón, que encuentra un paraíso en Formentera.

La lagartija de las Pitiusas, endémica, otra de las joyas de Formentera
La lagartija de las Pitiusas, endémica, otra de las joyas de Formentera | Pexels

Formentera, una isla sostenible

Otra cosa buena de Formentera es que no hay construcciones de gran tamaño, las casas son pequeñas, tienen la escala de la isla. Hay muchas casas tradicionales, que estaban encaladas, con cubiertas de teja y tejado de dos aguas, acogedoras y limpias, escuetas y esenciales, seguramente la película que mejor refleja la isla, aunque creo que no lo dice, es Lucía y el sexo, de Julio Medem, donde Formentera muestra sus paisajes poéticos que contribuye al clima onírico y sensual de la película que protagonizó Paz Vega.

El icónico faro de Cap de Barbaria
El icónico faro de Cap de Barbaria | Pixabay

Como Formentera es pequeña, sólo 82 kilómetros cuadrados, todo está cerca y lo encuentras al pasar, y es perfecta para verla en bici, puedes alquilar una y moverte por una isla muy llana manteniendo una relación íntima y no contaminante con el paisaje. Los conceptos de sostenibilidad que conllevan las nuevas leyes del turismo de Baleares le van a ir a Formentera como anillo al dedo, hay que conservarla como es, tanto en su patrimonio material, histórico y artístico, como en el encanto que permite disfrutar con placer de su tranquilidad y de su calma…