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Por el profesor y escritor Javier Arias Artacho
Es incomprensible cómo la realidad del conflicto palestino ha contaminado la política española. Pasan las semanas y, a medida que a nuestro presidente se le acumulan los casos judiciales que involucran a su entorno más directo, Palestina parece convertirse en el faro ideológico del gobierno.
A nadie se le escapa que nuestro presidente ha sabido, una vez más, fabricar una cortina de humo que, por supuesto, no desplegó cuando el presidente venezolano Nicolás Maduro reprimió a sus ciudadanos después amañar unas elecciones, ni tampoco denuncia la realidad de los conflictos actuales en Sudán, República Democrática del Congo o la represión en Myanmar. Se aferra a Palestina porque es una veta ideológica de gran calado internacional y porque, desde luego, como ya comenté en semanas anteriores, lo que está sucediendo allí es una atrocidad, un genocidio, una masacre o crimen. A gusto del consumidor.
Creo que es esta cortina de humo partidariamente utilizada la que no ayuda a cierta opinión pública a saber mantenerse en la cordura. El hecho de que nuestro presidente manosee el conflicto palestino a su antojo no le quita ni un ápice de gravedad. Caer en el juego dialéctico de si es un genocidio o no es tal estupidez que solo le da alas al discurso de Pedro Sánchez que está donde debe estar, sinceramente. Sobreactuando partidariamente, pero está donde debe estar. Y no me refiero con esto al vergonzoso boicot a la Vuelta Ciclista a España que fue jaleado por el gobierno de forma irresponsable. No. Me refiero a su discurso firme contra el presidente israelí Benjamín Netanyahu. La opinión pública constata el insoportable crimen que se está perpetrando en Gaza y no soporta la falta de claridad que está teniendo parte de la derecha.
Hay que ser claros y contundentes y no permitir que te ganen el relato. Es verdad que mantienen que lo que hace Netanyahu está mal, pero no son contundentes. No es admisible y parte de la derecha también ayuda a agigantar la cortina de humo generada con este conflicto. La izquierda tiene coartada para gritar Palestina libre. Claro que la tiene, y parte de este país no entiende que el bien y el mal no atiende a partidos políticos.
Quizás, quizás podría terminar diciendo que esta vez me sumo al presidente, si no fuera porque se le ve demasiado el plumero porque, al mismo tiempo que denuncia el crimen del gobierno israelí, no hace lo mismo con el grupo terrorista Hamás que continúa manteniendo secuestrados a ciudadanos israelíes y utiliza de escudo humano a su pueblo. Es esa miopía curiosa que delata que no está con los justos por vocación, sino por interés.

