Simón Pérez, creador de contenido y economista conocido por su viral intervención sobre hipotecas a tipo fijo en 2017, lleva meses preocupando a su audiencia por su apariencia en los directos de streaming. Visiblemente afectado por sus problemas de adicción y con una imagen cada vez más estrambótica, el usuario vio como las nuevas políticas de la plataforma Kick obligaron al cierre de su polémico canal.
Su caso se ha convertido en el espejo de una trágica autodestrucción pública, agravada por el consumo extremo de drogas, la exposición constante en streaming y el morbo digital incentivado por donaciones de sus seguidores. El conocido streamer ha confesado en una de las entrevistas más duras de Espejo Público que los médicos le han dado semanas de vida, después de haberle advertido hace dos meses que solo le quedaba un año.
Su caso ha conmocionado a España al exponer en directo un aniquilamiento propio impulsada por el público y las redes.
De la fama viral a la degradación pública
Pérez y su pareja Silvia Charro saltaron a la fama en 2017 por un vídeo sobre hipotecas, marcado por la sospecha de consumo de drogas. Tras perder sus empleos, el juego se convirtió en una forma de vida centrada en retransmitir su propia caída mediante directos y donaciones online. El espectáculo alcanzó lo grotesco: plataformas ofrecían hasta mil euros a Simón por consumir dosis mortales de cocaína durante las retransmisiones, en una dinámica que Pérez define como "circo romano digital" donde la audiencia paga por ver su degradación.
El consumo extremo y las consecuencias físicas
Pérez reconoce un consumo diario de hasta 15 gramos de cocaína, valorado en unos 800 euros diarios—financiados por seguidores anónimos que le contactan vía Telegram.
"Me mantienen como si fuera un Tamagotchi: si digo que tengo hambre, me mandan dinero para comer. Si necesito coca, me la pagan", admite. Las secuelas son evidentes: heridas, llagas y síntomas terminales, con un diagnóstico médico de apenas semanas de vida.
Silvia Charro, el calvario familiar y el hijo adolescente
Silvia Charro, pareja mediática y sentimental de Simón, se ha apartado totalmente de los directos: "Verle seis días sin dormir es insoportable. Nuestra relación está destrozada, duermo en casa de mis padres", afirma, visiblemente superada.
La entrevista revela también el impacto sobre el hijo adolescente de Simón, quien le dirige una súplica demoledora: "Papá, fúmate un porro si quieres, pero no te metas coca, que te vas a morir". El comentario del menor ha sido uno de los motivos más potentes para que Pérez quiera dejar el consumo.
Sadismo y dependencia digital
Simón Pérez detalla la compleja relación con sus seguidores, admitiendo que más de la mitad pagan sólo para verle tocar fondo: "Me odian, quieren que me muera. Pero también me sostienen. Pagan la droga, la comida... Me destruyen y me mantienen vivo".
El programa lo define como una dinámica de sadismo colectivo, donde el público anónimo empuja a Pérez a la tumba mientras observa su agonía digital.
Depresión, ruina y el fracaso empresarial
No sólo la droga aceleró su caída. Pérez y Charro intentaron montar una empresa de marihuana en Macedonia que terminó en fracaso y en una depresión profunda, según relata el propio economista: "Dormía veinte horas al día. Esto es una huida hacia adelante, un refugio. Ahora me cuesta hasta pensar".

