Los incendios forestales que golpean el noroeste de España han dejado a miles de vecinos en una situación límite. En Ourense, Zamora, León y Extremadura, más de 31.000 personas han sido evacuadas desde el pasado 12 de agosto, cuando comenzó la fase crítica de la emergencia. La superficie arrasada ya supera las 344.000 hectáreas, según estimaciones de Copernicus.
En la comarca de Sanabria (Zamora), Ascensión, una vecina de Vigo de Sanabria, no oculta su indignación: “Estamos mal. Todo el mundo muy indignado porque el fuego está entrando en el pueblo. Han pasado cuatro días en los que se podrían haber hecho muchas cosas y no nos dejan”, denuncia. “La gente del pueblo puede hacer muchas cosas y no nos dejan… necesitamos que nos dejen cuidarlo”, añade con pena.
La evacuación ha forzado a muchos vecinos a dejar atrás sus casas y su forma de vida. “Estamos todos con el corazoncito encogido, como tristones, impotentes. Muy mal día”, reconoce Ascensión, que ahora se refugia en un pueblo cercano.
En Trefacio, también en Zamora, la desolación es la misma. Charo, otra afectada, cuenta cómo se han quedado sin referentes ni espacios comunes: “Aquí no nos han evacuado oficialmente, pero es irrespirable el humo y se ha ido todo el mundo. No tenemos ni punto de reunión, nos sentimos totalmente abandonados”, asegura. “Desde el miércoles llevan lloviendo cenizas en toda Sanabria. Zamora se siente abandonada”.
El Bierzo (León) es otra de las zonas más castigadas por el fuego. Allí, los vecinos denuncian la falta de coordinación y el abandono institucional. Rocío, residente en la pedanía de Cadafresnas, describe la gravedad de la situación: “Llevamos 11 días en todo el Bierzo respirando un humo que es 40 veces superior en contaminación a lo que marca la OMS. Ya no podemos más”, lamenta. “Se acaba de quemar Las Médulas, el corazón identitario del Bierzo. Ya no vemos helicópteros, no vemos nada más y estamos simplemente entregados a que llegue el fuego”.
Pese al miedo, muchos vecinos se han organizado para intentar proteger sus pueblos. “Estamos desbrozando todos los caminos y tirando árboles a menos de 20 metros de las casas para que no llegue el fuego”, explica Rocío.
Mientras tanto, la indignación se mezcla con la tristeza: “Se está quemando mi forma de vida y ni tú haces nada ni nos dejas hacer nada”, señala Rocío sobre el sentir de los ganaderos.
