A 11.000 metros de altura, la cabina se baña en el suave resplandor verde de las pantallas. Fuera, el horizonte es un negro absoluto, sin luna ni estrellas a la vista. Solo el lejano parpadeo de las luces de una pista espera a lo lejos. En ese instante de soledad silenciosa, con una ciudad dormida bajo la aeronave, surge una pregunta que todo viajero se ha hecho: ¿es más seguro volar de noche o de día?
Los datos arrojan luz sobre el asunto, aunque la respuesta es matizada. En la aviación general, los accidentes nocturnos son menos frecuentes, pero mucho más letales. Sus percances, aunque escasos, resultan el doble de duros que los diurnos. Esto se debe en parte a trampas ópticas como el black-hole approach, un espejismo que puede engañar al piloto durante una aproximación en un terreno oscuro, haciéndole creer que está más alto de lo que realmente se encuentra y provocando un descenso excesivamente rápido, como si fuera absorbido por un agujero negro.
Además de los desafíos visuales, está la fatiga. La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) ha confirmado que volar de noche aumenta significativamente la fatiga circadiana de la tripulación, incluso en vuelos cortos. Este cansancio fue un factor clave en el famoso cuasi accidente del vuelo Air Canada 759 en San Francisco, donde la tripulación confundió la pista con una calle de rodaje en plena madrugada.
A pesar de estos retos, el vuelo nocturno ofrece una serie de beneficios. El aire suele estar más calmado. El mayor análisis de turbulencia del mundo, basado en 25 millones de mediciones, concluyó que los ascensos y descensos nocturnos son, en promedio, más suaves que los diurnos. Esta tranquilidad atmosférica explica por qué muchos pilotos recomiendan tomar el primer vuelo de la mañana o el último de la noche para evitar los "baches" provocados por la convección del calor solar. De paso, te libras de los retrasos en cascada típicos de las horas punta.
Otro punto a favor de la noche es la ausencia de tráfico. Con menos aviones en el cielo y en tierra, la probabilidad de conflictos aéreos o de una incursión en pista se reduce drásticamente. Incluso la fauna parece estar de tu lado: según la Administración Federal de Aviación (FAA), el 62% de los impactos con aves ocurren de día, mientras que solo el 30% suceden de noche.
Te contamos qué dicen los pilotos sobre estos datos y cómo afrontan la mezcla de ventajas -un aire tranquilo y cielos más despejados- y retos -fatiga, oscuridad y el efecto "agujero negro"- que convierte cada turno nocturno en un ejercicio de precisión milimétrica. Como advierte un capitán, "el sol puede sacudir el avión, pero la noche puede sacudir tus sentidos". La verdadera seguridad no depende solo de cuándo volar, sino de cómo se gestiona cada franja horaria. Es un duelo constante entre la física de la atmósfera y la fisiología humana, que comienza mucho antes del despegue y no termina hasta que los motores se apagan.
La brecha en la aviación general
A nivel de la aviación comercial, las estadísticas de accidentes son tan bajas que la diferencia entre el día y la noche es casi insignificante. Sin embargo, en la aviación general -que involucra a pequeñas aeronaves privadas- las cifras revelan un panorama distinto y más revelador. Según datos de la AOPA Air Safety Institute, solo el 7% de los accidentes de aviación general ocurren de noche, pero estos representan el 16% de los accidentes fatales. Esto significa que, aunque hay menos percances nocturnos, su gravedad es considerablemente mayor.
Un informe conjunto de la NTSB (Junta Nacional de Seguridad en el Transporte) y AOPA (Asociación de Propietarios y Pilotos de Aeronaves de 2006) lo confirma: la tasa de accidentes por 100.000 horas de vuelo era ligeramente inferior de noche (6,6) que de día (7,1). Sin embargo, la probabilidad de que un accidente nocturno fuera mortal era mucho más alta: 34,6% frente a 19,2% de los diurnos. En palabras de las estadísticas, volar de noche en una pequeña aeronave no causa más incidentes, pero cuando ocurren, las consecuencias son mucho más severas.
Expertos como Tom Farrier, exdirector de Seguridad de la Asociación de Transporte Aéreo, coinciden en que la brecha de seguridad en la aviación comercial moderna se ha reducido drásticamente gracias a los avances en la tecnología y las regulaciones. Farrier afirma que "hoy en día hay realmente muy poca diferencia en la seguridad relativa de los vuelos diurnos y nocturnos a nivel internacional", gracias a normas estrictas y aeronaves con ayudas de navegación modernas.
No obstante, Farrier matiza que si se vuela en un entorno menos regulado o en aviones más antiguos, la luz del día es preferible, ya que "no hay nada como que los pilotos estén razonablemente descansados y puedan ver lo que ocurre a su alrededor".
El factor humano: la fatiga y el ciclo circadiano
El principal factor que distingue un vuelo nocturno es la fatiga de la tripulación. La noche es el momento en que nuestro cuerpo produce melatonina y entra en su ciclo de sueño. Operar un avión durante estas horas altera este ritmo natural, llevando a una mayor somnolencia.
Un estudio de 2017 patrocinado por la EASA, basado en encuestas a más de 15.000 tripulantes, concluyó sin ambigüedades que "todos los vuelos nocturnos, independientemente de su duración, provocan un excesivo nivel de fatiga en las tripulaciones". Este riesgo es tan reconocido que las regulaciones europeas de Limitaciones de Tiempo de Vuelo (FTL) restringen la jornada de vuelo nocturno a 11 horas, un límite más estricto que el de los vuelos diurnos.
Se estima que la fatiga contribuye a entre el 15% y el 20% de los accidentes aéreos mortales relacionados con errores humanos. El incidente de Air Canada en San Francisco en 2017 es un ejemplo perfecto: la investigación de la NTSB determinó que la causa principal fue la fatiga de los pilotos, quienes, en una aproximación nocturna, confundieron las luces y casi aterrizan en una calle de rodaje ocupada. El incidente, evitado en el último segundo, ilustra cómo el cansancio puede degradar la vigilancia y la toma de decisiones.
La ilusión de la oscuridad
La visibilidad es la diferencia más evidente entre el día y la noche. Durante el día, los pilotos tienen referencias visuales externas vitales: el horizonte, las formaciones de nubes, el terreno y otros tráficos. De noche, esta información se pierde casi por completo, forzando una dependencia total de los instrumentos de vuelo.
Esta falta de referencias visuales puede provocar desorientación espacial, un fenómeno peligroso incluso para pilotos experimentados. Según la AOPA, más de una cuarta parte de los accidentes nocturnos fatales en aviación general se deben a desorientación, que a menudo termina en una pérdida de control del avión. La NTSB ha emitido alertas de seguridad destacando cómo las operaciones nocturnas bajo reglas visuales (VFR) pueden resultar en accidentes evitables por la falta de referencias.
Las ilusiones ópticas son también un riesgo inherente de la noche. La "ilusión del agujero negro", descrita por la FAA, ocurre al aproximarse a una pista aislada sin luces alrededor. En estas condiciones, el piloto puede percibir la pista con una inclinación o ubicación errónea, creyendo que está más alto de lo que realmente está, lo que lleva a un descenso excesivo y un posible impacto antes de la pista.
Javier Gárgoles, piloto de A350 y A330, lo resume de la siguiente manera: “cuando cae la noche, la luz natural disminuye, lo que dificulta la identificación de puntos de referencia y de otras aeronaves”. La clave para mitigar este riesgo radica en la confianza absoluta en los instrumentos y en la planificación, como sugiere la FAA, que aconseja volar a una altitud de crucero "bien por encima de cualquier obstáculo o terreno" que se encuentre en la ruta, dado que no todo es visible en la oscuridad.
Ventajas de la noche
La noche también trae consigo ventajas meteorológicas. El calentamiento solar durante el día genera corrientes convectivas y tormentas, especialmente en la tarde. Por la noche, el aire se enfría y estabiliza, lo que reduce la probabilidad de encontrar turbulencia convectiva y tormentas intensas. Un análisis de 25 millones de mediciones de turbulencia (EDR) confirma que "los vuelos nocturnos son menos turbulentos que los diurnos" en altitudes bajas. El comandante William Keating señala que en sus vuelos matutinos los vientos suelen ser menores, una tendencia que se extiende a la noche.
La principal contraparte meteorológica es la incapacidad de ver visualmente el mal tiempo, lo que obliga a la tripulación a confiar en el radar meteorológico de a bordo. Javier Gárgoles advierte que el radar "no es sencillo de usar, incluso en las mejores manos puede ocultar problemas y dar información engañosa".
En cuanto al tráfico aéreo, la noche ofrece un entorno mucho más tranquilo. La FAA destaca que los vuelos nocturnos tienen "cielos menos concurridos" y radios con menos congestión. Esto reduce la carga de trabajo de la tripulación y el estrés operativo, lo que puede traducirse en un vuelo más fluido.
Otros factores, aunque menos determinantes, también varían con la hora del día. Los impactos con aves son más comunes durante el día (62% de los casos según la FAA) y mucho menos frecuentes de noche, lo que reduce el riesgo en despegues y aterrizajes.
Sin embargo, las operaciones en tierra se vuelven más complejas en la oscuridad, dependiendo totalmente de la iluminación del aeropuerto. Incidentes como el del vuelo Singapore Airlines 006 en 2000, que despegó por error en una pista cerrada de noche, demuestran la necesidad de una atención extrema a las autorizaciones del control de tráfico aéreo.
Finalmente, en caso de una emergencia, las operaciones de búsqueda y rescate se complican en la oscuridad, ya que la localización visual de un avión se dificulta. Aunque los aviones modernos cuentan con sistemas de localización por satélite, el factor tiempo en un rescate nocturno puede jugar en contra.
Por lo tanto, la seguridad en vuelo es multifactorial. Mientras que un vuelo nocturno puede ofrecer una experiencia más tranquila en términos de tráfico y turbulencia, exige una mayor destreza instrumental y una gestión rigurosa de la fatiga. Las tripulaciones están altamente entrenadas para operar en estas condiciones, apoyándose en la tecnología más avanzada. Por lo tanto, en la aviación comercial, la diferencia es mínima.
No obstante, tal y como afirma Gárgoles, para la seguridad, “no hay nada como que los pilotos estén descansados y puedan ver lo que ocurre a su alrededor”, un punto a favor del día. Al final del día (o de la noche), la seguridad depende de la vigilancia constante y la preparación de la tripulación, sin importar si el sol brilla o no.

