VIRUELA DEL MONO

¿Por qué la vacuna contra la viruela deja una marca en el brazo?

La cicatriz en la parte superior del brazo es una característica común entre las personas que fueron vacunadas contra la viruela. Conoce a qué se debe esa marca que aparece tras el pinchazo.

ondacero.es

Madrid | 22.05.2022 18:42

Una persona vacunándose
Una persona vacunándose | EFE

Los casos de viruela del mono registrados en Estados Unidos y Europa han disparado todas las alarmas. En los últimos diez días se ha detectado la enfermedad en doce países, España entre ellos, y la OMS ha alertado de que seguirán apareciendo casos en todo el mundo.

La información actual indica que las personas más vulnerables al contagio son aquellas que tienen contacto físico cercano con alguien infectado y con síntomas. En España, el Ministerio de Sanidad y las comunidades ya han acordado el protocolo a seguir para los infectados con el virus de la viruela del mono (Monkeypox).

Esta enfermedad es una zoonosis (virus transmitido a los humanos por animales) y sus síntomas son similares a los experimentaban en el pasado los pacientes con viruela, aunque menos severos. Además, la inmunidad frente a esta enfermedad es muy escasa entre la gente joven ya que la población por debajo de los 40 o 50 años no ha recibido la vacuna contra la viruela y el virus no ha estado presente en países no endémicos.

Sin embargo, las personas de más de 40 o 50 años que recibieron la vacuna contra la viruela sí conservan cierta inmunidad frente al 'Monkeypox'. Este grupo de población comparte, además, una característica común: la cicatriz en la parte superior del brazo.

Todos los nacidos antes de 1970 tienen puesta la vacuna contra la viruela casi con total seguridad
Todos los nacidos antes de 1970 tienen puesta la vacuna contra la viruela casi con total seguridad | laSexta.com

¿Por qué esta vacuna deja una cicatriz?

Esto se explica por la aguja que se utilizaba entonces. Actualmente, las vacunas se suministran con una aguja hipodérmica, pero en la década de los setenta, la más común era la aguja bifurcada con dos puntas en el extremo.

Así, la inyección contra la viruela se inoculaba con esta aguja bifurcada. Se sumergía en la solución de la vacuna y cuando se sacaba, quedaba una gota de la sustancia entre ambas puntas. Luego se inyectaba de una manera muy concreta: se picaba en la piel unas 15 veces en pocos segundos.

Estos pinchazos creaban una pequeña protuberancia de sangre que, al cicatrizar, dejaba esa marca que ahora comparten de por vida los vacunados contra la viruela.

La aguja bifurcada la inventó el doctor Benjamin Rubin en 1965, y durante diez años (de 1966 a 1977) fue la principal herramienta para erradicar la viruela.