Nunca ha habido tantas familias viviendo de alquiler en España como ahora. Son aproximadamente un 20%. Buena parte de esas personas están atrapadas: no pueden acceder a una vivienda en propiedad por los precios y su única opción, -la de alquilar-, también se está volviendo inasequible. Aunque no en todos los casos. En la 'Mesa de redacción' hablamos de la otra cara de la moneda. ¿Hay propietarios que por responsabilidad y conciencia social se niegan a especular con la vivienda y cobran precios razonables? Sí, los hay.
El precio medio de un alquiler ha subido un 94% en los últimos diez años. Eso se traduce en miles de familias desalojadas porque la casa donde viven de alquiler la ha comprado un fondo buitre para alquilarla a turistas por el doble o triple. Personas que tienen que volver a compartir casa o marcharse lejos de donde han vivido siempre. Maestros, médicos o policías destinados a una zona tensionada que tienen que vivir en caravanas porque no hay opciones pagables y jóvenes que no pueden iniciar un proyecto de vida. Y hay gente espantada. Pero hay caseros, más de los que pensamos, que no quieren formar parte de eso y alquilan por debajo de precios de mercado.
"A mí me parece de lógica. La gente tiene unos ingresos y puede asumir unos gastos", esto dice Laura, propietaria que alquila por 850 euros el piso que heredó de sus padres. Está en el barrio de Begoña, un barrio popular de Madrid cerca de las Cuatro Torres. 60 metros, tres habitaciones, algo que en el mercado ahora cuesta 1.100, 1.200. A lo que hay que sumar que fianza, avales, copias de contratos laborales y movimientos bancarios de los últimos meses.
"Yo no les he pedido eso porque la gente tiene que vivir. Si van a funcionar bien, me van a cuidar la casa, prefiero eso antes de que venga alguien de una agencia que vendrá enfadado previamente porque le han estado estafando. Cada uno de los engranajes del sistema está medio putrefacto", explica.
Marta, alquila su piso en pleno centro de Madrid, cerca de la plaza de Las ventas,ático con dos terrazas, dos habitaciones por mil euros.
"Le pongo un precio que me parece razonable porque oigo cosas que no son razonables. Hay gente a la que le puedes sacar las tripas porque tiene más dinero que tú y 400 veces más y le da igual. Pero normalmente, la gente que está en la calle va a trabajar todos los días, muchas veces por debajo del salario mínimo y lo que quieren es estar con su gente", afirma.
Hace 40 años que Marta alquila ese piso a parejas, a familias pequeñas. En los 80 costaba 500 euros. Ahora 1000. Ni Laura ni Marta ponen anuncios. Alquilan a conocidos de conocidos porque siempre hay alguien que conoce alguien que busca piso y que es de fiar. Cuando un inquilino se va, recomienda a alguien y no les hace falta ni buscar. Así encontró Nuria su casa. Ella inquilina es gallega, vivió 30 años en Mallorca. Ahora ha vuelto a su tierra. A través de unos conocidos encontró un alquiler asequible en Palma y pasó de tener dos trabajos para llegar a fin de mes y pagar una habitación en piso compartido, a vivir sola y llegar con un solo empleo.
"Cuando yo alquilé la casa lo podía haber hecho por 900 y me la alquiló por 550. Como se había portado bien yo moralmente le dije que como ganaba más, quería pagarle más y le empecé a pagar 700", asegura.
Eso es algo en lo que inciden todas, tanto desde el lado del arrendador como del inquilino: Si te portas bien, se portan bien contigo. La otra máxima que se repite es que lo suyo no es una rareza, que hay mucha gente sensata que está por la labor de no sangrar a los demás. Marta tiene una teoría al respecto
"Tengo una terrible sospecha: es una campaña para meter el miedo y que los alquileres sigan subiendo porque las grandes compañías ganan más dinero cuanto más caro esté. El tener a la gente asustada hace que la gente ceda y pague 2.000 euros por 40 metros", explica.
Desde luego, el problema de la vivienda es estructural y no se arregla individualmente. Hay que regularlo desde la administración, con leyes. Y en eso está desde ayer el Consejo Europeo.
