"He aprendido a no gustar", dice Iñaki Urdangarin, quien fuera marido de Cristina de Borbón, con quien tiene cuatro hijos. "Me gustaría que no hubiese ningún estigma, porque ya he pagado por lo que se me juzgó", relata en relación con su etapa en prisión tras hacer frente a una condena de cinco años y diez meses por delitos de malversación, prevaricación y fraude, entre otros.
Para él, la condena que tuvo que afrontar por el Caso Nóos fue desproporcionada y únicamente iba ligada al apellido que entonces formaba parte de la Familia Real. "Mi condena fue desproporcionada", asegura, aunque las sentencias del Supremo evidencian lo contrario al acreditar delitos económicos. "Cuando se decide que alguien tiene que caer, los hechos solo estorban", insiste en declaraciones durante una entrevista a El País Semanal.
Tras su divorcio y su paso por la cárcel, Urdangarin afirma que mantiene contacto con el rey Juan Carlos I y con la reina Sofía, pero no con Felipe VI. "Mi cuñado, mi amigo, o eso había creído yo...", señala al respecto. "Encajar no es lo mismo que pertenecer", dice al admitir que se sintió fuera de lugar durante el tiempo en el que se vio ligado a la institución.
Respecto a su condena en la prisión de Brieva, recuerda que fue algo traumático y una especie de doble castigo por "la privación de libertad y la soledad". Allí, cuenta, encontró refugio en el deporte, el estudio y las cartas. "Como las visitas eran limitadas, cuando mis hijos venían a verme, al terminar, les daba una carta para que se la llevasen. Con muchos amigos me comunicaba solo por carta, porque la prioridad de las visitas para mí era la familia, pero lo que fue una sorpresa total fue empezar a recibir cartas de desconocidos", recuerda.
Ahora, cuando el pasado ha quedado atrás, Urdangarin vive en Vitoria una nueva vida: "Llevo una vida sencilla, casi monástica", afirma. El que fuera yerno de Juan Carlos I pone la mirada en una reconstrucción personal tras haber "pagado" por sus actos del pasado.

