La esperanza de vida al nacer en el mundo es más de 20 años superior respecto a la de 1950 y la tasa de mortalidad estandarizada por edad ha descendido un 67%, pero suben las muertes entre los adolescentes y los adultos jóvenes.
Así se desprende del último estudio sobre la Carga Global de Enfermedad, publicado este domingo en la revista 'The Lancet' y presentado en la Cumbre Mundial de la Salud, que se inauguró este domingo en Berlín (Alemania).
El estudio de la Carga Global de Enfermedades, que es el que investiga cómo afectan las enfermedades en la esperanza de vida, señala que los ciudadanos de todo el mundo viven una media de veinte años más que a mediados del siglo pasado.
En concreto, 76 años las mujeres y 71 los hombres. Lógicamente, la esperanza de vida es mayor en los países más ricos, que aumenta a más de los 80 años en ambos sexos.
El riesgo de muerte cae en todo el planeta
La principal conclusión de este estudio que publica la revista médica 'The Lancet', es que el riesgo de muerte cae en todo el planeta porque tenemos mejor salud.
Uno de los grandes riesgos tiene que ver con la salud mental
Aunque el estudio remarca que uno de los grandes riesgos actualmente tiene que ver con la salud mental. Sobre todo para los jóvenes y principalmente en Norteamérica y América Latina. Desde el año 2011 se ha disparado el número de jóvenes fallecidos en estas zonas. Un 50% entre los treintañeros. Algo menos entre los veinteañeros.
La causa hay que buscarla en los trastornos mentales como la ansiedad o la depresión, que llevan a muchos adolescentes al abuso de alcohol y drogas. Y al aumento en las muertes por suicidio. "Muertes por desesperación", lo llaman los investigadores.
Las causas de muerte
Las causas de muerte están cambiando de las enfermedades infecciosas a las no transmisibles, lo que genera nuevos desafíos para la salud mundial, en particular para los países pobres.
Tras ser la principal causa de muerte en 2021, la covid-19 descendió al 20º puesto en 2023, cuando la cardiopatía isquémica y el ictus ocuparon el primer puesto, seguidos de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones de las vías respiratorias inferiores y los trastornos neonatales.

