Durante años, el foco en cáncer y actividad física estuvo en el ejercicio aeróbico: caminar, nadar, pedalear. Pero la evidencia ha girado: el entrenamiento de fuerza, lejos de ser agresivo, es seguro y terapéutico para pacientes oncológicos. La AECC destaca que este tipo de entrenamiento ayuda a contrarrestar la pérdida de masa muscular, mejora la capacidad funcional, reduce la fatiga y promueve una mejor calidad de vida.
Los beneficios más allá de los músculos
Los tratamientos oncológicos (quimio, radio e inmunoterapia) pueden dejar secuelas físicas y psicológicas: fatiga, pérdida muscular, debilitamiento óseo, ansiedad o depresión. Según Tucanaldesalud.com, realizar entre dos y tres sesiones semanales de fuerza, combinadas con aeróbico, mejora notablemente la tolerancia a tratamientos, atenúa los efectos adversos y puede reducir el riesgo de recaídas.
Varios de los testimonios lo dicen claro: “el entrenamiento de fuerza es nuestra arma secreta en la batalla contra el cáncer”, y añade que no solo mejora la calidad de vida, sino que también puede prevenir un segundo cáncer y reducir la recurrencia a largo plazo.

Una práctica para todas las fases
El ejercicio de fuerza no es exclusivo del periodo de recuperación; en realidad, es útil en todas las etapas del cáncer. Quirón salud resalta que (cuando no hay contraindicaciones), los pacientes pueden beneficiarse de este entrenamiento incluso durante quimioterapia o radioterapia, siempre con un enfoque adaptado y progresivo. El propósito: invitar al movimiento inteligente, no forzado.
La fundación Rafa Ballesteros y el Hospital Puerta de Hierro contra el cáncer de páncreas
La Fundación Rafa Ballesteros da un paso más allá al incluir el entrenamiento de fuerza en un enfoque integral para pacientes con cáncer de páncreas candidatos a cirugía. Su Programa Rafa Ballesteros ofrece un soporte combinado: nutricional, psicológico y físico, con el fin de mejorar las condiciones del paciente previamente a una intervención quirúrgica.
El entrenamiento físico se desarrolla en Terra CrossFit, cedido por Pepe Manzaneque y Paz, durante dos días a la semana, en sesiones de aproximadamente 60 minutos, donde se combinan ejercicios de fuerza y resistencia de alta intensidad.
Este programa se imparte en el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, bajo la dirección clínica de la Dra. Ana Ruiz Casado y la coordinación de María Romero Elías, reflejando un sólido enfoque multidisciplinar.
Lo primero que notan los pacientes es que vuelven a sentirse capaces. No se trata solo de la fuerza física, sino de la fuerza de saberse en movimiento, de recuperar el control sobre su propio cuerpo
Para entender mejor cómo se vive este proceso desde dentro, hablamos con María Romero, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFYD) y especialista en ejercicio oncológico. Romero trabaja desde hace años acompañando a pacientes con cáncer en programas de fuerza adaptados.
Ella explica que lo primero que perciben quienes comienzan a entrenar no es tanto un cambio físico inmediato, sino una sensación de recuperar el control sobre su cuerpo. Muchos llegan agotados, inseguros y con miedo a lesionarse, pero a medida que avanzan descubren que pueden más de lo que pensaban. “Lo primero que notan los pacientes es que vuelven a sentirse capaces. No se trata solo de la fuerza física, sino de la fuerza de saberse en movimiento, de recuperar el control sobre su propio cuerpo”, cuenta.
Romero explica que en este contexto el entrenamiento no se limita a ganar fuerza muscular, sino a mejorar la capacidad de los pacientes para afrontar una operación compleja. “Aquí no solo entrenamos fuerza, entrenamos esperanza. Saber que cada sesión te acerca un poco más a una operación posible, cambia el ánimo”, señala.
La especialista insiste en que no existen recetas universales y que cada plan debe adaptarse a la persona, su tipo de cáncer y el momento en el que se encuentra. “Cada paciente requiere un plan distinto. Lo esencial es escuchar y adaptar la carga, la intensidad e incluso la dinámica del ejercicio según cómo se sientan”, señala.
Además, Romero subraya la dimensión emocional: cuando un paciente consigue levantar una mancuerna o completar una serie tras meses de tratamiento, el gesto se convierte en símbolo de resiliencia. “Es como decirle al cuerpo: sigo aquí, sigo siendo fuerte. Esa confianza se traslada a todo lo demás: a la familia, al trabajo, a la vida social”.
En su visión, la fundación no solo construye músculo, sino también confianza y dignidad. “Cada sesión es un recordatorio de que, pese al cáncer, la persona conserva la capacidad de luchar, de mejorar y de prepararse para lo que viene”, explica.
Finalmente, recuerda que este esfuerzo no se limita al presente, sino que tiene una mirada de futuro. “El paciente que entrena su fuerza no solo se está preparando para superar el presente, está construyendo defensas para el futuro. Esa es la verdadera revolución de este enfoque”.
Prevención a largo plazo
Además de los beneficios inmediatos, el entrenamiento de fuerza podría reducir el riesgo de recidiva o de un segundo cáncer. Según el Hospital Quirón, la combinación de mejor inmunidad, regulación hormonal y reducción de la inflamación sería clave en esos resultados a largo plazo.
Te damos una guía sencilla:
- Frecuencia: 2–3 sesiones semanales.
- Intensidad: moderada, personalizada.
- Supervisión: ideal con profesional especializado en ejercicio oncológico.
- Progresión: iniciar con ejercicios básicos, aumentar carga con seguridad.
- Seguridad: parar ante fiebre, dolor intenso o mareo.

