AGUA DEL MAR

Cuidado con beber agua de mar: por qué es peligroso

Beber agua de mar puede poner en riesgo la salud. Estos son los motivos por lo que las autoridades sanitarias no lo recomiendan.

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AMS

Madrid | 04.08.2022 14:03

Cuidado con beber agua de mar: por qué es peligroso
Una botella en el mar. | Pexels

Muchas personas consideran que el consumo del agua de mar es beneficioso por distintas teorías que circulan en redes sociales, aunque lo cierto es que beber este tipo de agua sin tratar no es recomendable.

Desde fines medicinales hasta remedio 'casero' para algunas dolencias, son numerosos los beneficios que se pueden leer acerca del agua de mar, pero conviene tener en cuenta los aspectos por los que las autoridades sanitarias no aconsejan su consumo.

¿Por qué es peligroso beber agua de mar?

Hay varios motivos por los que beber agua de mar es peligroso para la salud:

Nivel alto de sal

Según afirma la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), la composición del agua del mar varía según su origen o características marinas, con la posibilidad de que haya mayor concentración de sales en lugares cálidos y menor en zonas semicerradas con abundantes aportes continentales como el mar Báltico.

En este sentido, la Organización Mundial de Salud (OMS) advierte de que el consumo diario máximo de sal por persona debe ser de menos de 5 gramos, un poco menos que una cuchara de té. Los expertos estiman que por un vaso que contenga 250 ml de agua de mar puede haber alrededor de 9 gramos de sal, por lo que rebasa de manera notable el límite recomendado por la OMS.

Contaminación de las aguas marinas

Hay muchos contaminantes que pueden acceder fácilmente al medio marino:

  • Los hidrocarburos (vertidos de barcos, de plataformas petrolíferas o los procedentes de los ríos).
  • Materia orgánica, productos cosméticos, detergentes, elementos nutrientes y microorganismos de aguas residuales y ganaderas.
  • Metales pesados (mercurio, boro, uranio, etc., que se deben al drenaje natural).
  • Sustancias organohalogenadas (plaguicidas, plastificantes, etc.).
  • Sustancias sólidas (escombros, basuras, objetos flotantes o lodos).
  • Contaminación radioactiva (por vertidos de radioisótopos, solo en casos muy específicos).