El divulgador científico Javier Fernández Panadero visitó una vez más la sección Como Einstein por su casa del programa No son horas, con Gemma Ruiz, para seguir desgranando las ideas de su libro La cordura de saberse loco. En esta ocasión, la conversación giró en torno a un tema universal: el enfado. ¿Por qué nos enfadamos? ¿Cuándo sirve y cuándo se convierte en un obstáculo?
"A mí me gusta comparar el enfado con el dolor", explicaba Panadero. "Es una alarma de que algo no te está yendo bien. A veces te cuesta racionalmente entenderlo, pero el enfado te dice: esto que tú crees que no te importa, sí te importa".
El divulgador defendió que el enfado, en su justa medida, puede ser útil como señal de alerta, pero insistió en que mantenerse enfadado solo resta eficacia.
"Cuando ya identifico cuál es mi problema con la situación, el enfado deja de servirme. Me desconcentra, me hace actuar apresuradamente y ser menos efectivo. A mí me gusta ser efectivo decía, que los medios sirvan a los fines".
Cuando otros "tocan tus teclas"
Panadero también habló del peligro de dejar que otros decidan cómo nos sentimos.
"Si alguien conoce mis teclas, y sabe cómo enfadarme, está manejándome. No quiero tener gente que sepa qué tecla tocar para controlarme", advertía.
Para el divulgador, ceder ese control emocional es una forma de perder libertad:
"A veces no tenemos agencia sobre el daño que nos hacen otros, pero no les extendamos el poder. Me has hecho daño a las nueve y media, pero no voy a concederte el poder de tenerme de mala uva toda la tarde"
Gemma Ruiz resumía la idea con una frase que todos querríamos aplicar:
"Que yo no tenga esa capacidad de autocontrol para decir: lo intentas, pero no lo vas a conseguir".
El enfado no es necesario para actuar
Otra de las ideas más potentes de la charla fue la relación entre acción y enfado.
"A veces parece que necesitamos estar muy enfadados para justificar una acción", decía Panadero. "No hace falta. Puedes actuar sin enfadarte. Incluso puedes simular el enfado si es útil en un diálogo, pero no hace falta sufrirlo".
Esa diferencia entre usar el enfado y vivir en él es, según el autor, una de las claves de la madurez emocional.
Críticas en público y la trampa de la falsa bondad
La conversación también abordó cómo reaccionar cuando alguien busca humillarnos o manipularnos. Panadero defendió que, si el ataque se hace en público, la respuesta puede y debe darse también ahí:
"Hay quien dice que las alabanzas en público y las críticas en privado, siempre. Está bien, pero si alguien elige hacerte daño en público y se escuda en tu cortesía o en tu bondad, no tienes por qué callarte. No hay que dejar que esa supuesta bondad sea usada para hacer el mal".
El divulgador lo resumió con una frase que define bien su pensamiento:
"De puro bueno soy bueno, pero no soy tonto".
Panadero dedicó parte de la charla a hablar de quienes hacen el bien solo para recibir agradecimiento:
"Si yo hago las cosas para que me las agradezcan, más que bondad hay otra cosa: interés, mezquindad. Quiero que el otro me diga gracias y se arrastre ante mí por un favor chiquitísimo".
Reconoció que con los años ha aprendido a reservar su tiempoy su energía para quienes también lo valoran:
"No estoy en ese ideal de hacer el bien a quien me desprecia. Me duele. Y como el tiempo es limitado, voy a usarlo con las personas que me quieren querer".
Y lanzó una de esas preguntas que invitan a mirarse por dentro:
"¿Por qué quieres hacerle el bien a gente que te está dañando? Si se lo vieras hacer a alguien querido, le dirías que no lo hiciera".
Elegir tus batallas (y que no las elijan otros)
La charla terminó con un consejo sobre libertad y prioridades.
"Me interesa elegir mis batallas porque el tiempo es limitado. No puedo luchar por todas las causas", dijo Panadero. "Y, sobre todo, no quiero que las elijan otros por mí".
Para el divulgador, tener principios implica asumir costes, pero también decidir con autonomía dónde poner la energía:
"A veces uno dice: en esta colina voy a morir. Y eso está bien, porque lo importante es elegir, tener algo de agencia y un poquito de libertad. Sobre todo, para que no me la quiten otros".
Gemma Ruiz cerró la sección recordando que La cordura de saberse loco es "muy entretenido, pero, sobre todo, muy útil para la vida".
