En rincones ocultos de Internet, miles de hombres participan en grupos privados en los que comparten fotos y vídeos de sus parejas, exparejas, amigas o incluso familiares sin el consentimiento de ellas. Son comunidades presentes en redes sociales como Facebook, Telegram o Signal, donde se intercambian imágenes íntimas o cotidianas que nunca debieron salir del ámbito privado.
El diario El País ha documentado el funcionamiento de estos grupos, que en ocasiones reúnen a decenas de miles de usuarios. Estas prácticas constituyen una forma de violencia sexual digital, basada en la cosificación y la exposición no consentida de las mujeres.
La dimensión del problema es global. Según El País, se han detectado comunidades en países tan distintos como Italia, China, Portugal o Argentina, con cifras que alcanzan los cientos de miles de miembros. En España, la Guardia Civil cerró recientemente un grupo en Telegram con más de 600 participantes, en el que se habían identificado al menos 27 víctimas.
Normalización entre los jóvenes
Lo preocupante es que se observa ya una normalización de esta violencia entre los más jóvenes. Alejandro Gómez, investigador de Fad Juventud, sostiene que muchos adolescentes minimizan la gravedad del asunto porque creen que "son solo fotos", sin reconocer que detrás de cada imagen hay una víctima real.
Vacíos legales en España
El problema se agrava teniendo en cuenta que el ámbito jurídico no es muy claro en este aspecto. Existe aún un vacío legal sobre la protección de la imagen de los adultos. Mientras que el Código Penal sí contempla este delito cuando las víctimas son menores, la legislación no lo regula de manera específica en el caso de las personas adultas.
Tal y como señala El País, la organización Stop Violencia Digital subraya, además, que muchas víctimas no acuden a las autoridades, lo que impide dimensionar adecuadamente el problema y adaptar la legislación a la realidad. "Si no existe denuncia, no existe el delito, y sin esa presión social y judicial, las leyes no cambian", explica su portavoz Encarni Iglesias.
Un problema en expansión
El fenómeno no es nuevo, porque ya en 2010 surgieron foros como Is Anyone Up?, pero la expansión de las redes sociales y las herramientas digitales ha multiplicado su alcance. De hecho, algunos de estos grupos incluso imponen normas internas, como solo aceptar fotos de esposas o novias, prohibir (o fomentar) el uso de inteligencia artificial para manipular imágenes, e incluso obligar a los miembros a aportar contenido para poder permanecer en la comunidad.
Lo que preocupa es que se esté normalizando un modelo de masculinidad basado en la posesión y el control sobre las mujeres, que se traslada al ámbito digital.

