El robo de cables en varios puntos de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla ha desencadenado una de las mayores crisis recientes en el transporte ferroviario español, afectando a más de 10.000 viajeros y paralizando una treintena de trenes en plena operación retorno del puente de mayo y a las puertas de la Feria de Abril en Sevilla. Esta situación ha derivado en varios relatos angustiosos que cuentan aquel horror vivido en vagones y estaciones que para muchos refleja el estado del sistema ferroviario en España.
María, una mujer de 35 años, se encontraba tranquilamente en un Ouigo con destino a Madrid desde Sevilla cuando de repente el tren se detuvo. A partir de ese momento comenzó un calvario que provocó que un viaje estimado de casi tres horas se convirtieran en un infierno de casi diez, imposibilitando que pudiera llegar a una entrevista de trabajo.
"Lo del tren fue una vergüenza. No apagaron las luces blancas potentes, por lo que no pudimos dormir. No dieron ni agua y por supuesto la comida se acabó", expone María.
En su caso la primera información que recibieron sobre lo ocurrido no llegó hasta la medianoche, cuando llevaban ya horas parados en la localidad ciudadrealeña de Puerto Llano sin poder salir y con unas condiciones horrendas que impedían hasta el descanso de los pasajeros; o incluso el acceso a la mayoría de los servicios del vehículo a niños o algún enfermo.
"No pudimos salir fuera en ningún momento y lo pedimos varias veces. En mi vagón hacía frío, en muchos momentos el tren estaba parado y tampoco podías cargar el móvil", declaró.
Jorge, un varón de 57 años, viajaba a la capital con su mujer desde Cádiz hasta que la sustracción de los cables, calificada de "grave sabotaje" por el ministro de Transportes, Óscar Puente, les dejó varados en la provincia manchega sin información de cuando retomarían el trayecto y sin ningún opción que ayudara a los clientes a llegar a su destino a tiempo o a mejorar las condiciones de su espera.
"Me llama la atención que esto pase. No hay plan b como un autobús o algo así", comentó Jorge cuyo tren tuvo un retraso que dobló la duración de su viaje hasta retrasar su llegada hasta las tres de la madrugada.
Ambos además coinciden en que el ambiente en los vagones no era de protesta. Un silencio sepulcral invadió los vagones en señal de resignación y desesperación ante la impotencia de un problema del que no tenían mucha información.
Pero este asunto no sólo afectó a los trenes y pasajeros, también causó el caos y el desorden en algunas estaciones como la de Atocha en Madrid, donde gente como el escritor Francisco de Paula, autor de novelas juveniles bajo el pseudónimo de Blue Jeans, ha tenido que esperar de pie durante horas sin saber si su tren saldría en algún momento.
"Mi tren salía a las 7:35 a Granada. No ha salido ningún tren hacia el sur y la gente se ha ido amontonando en la planta primera antes de pasar el control. Hemos estado de pie casi 3 horas y mi evento en la universidad de Granada se ha cancelado porque era a las 12h", expuso el autor de novelas como 'El club de los incomprendidos' o 'Canciones para Paula'.
De Paula comenta que la gente estaba amontonada, sentada en el suelo, sobre las maletas y la mayoría de pie delante del panel de salidas que marcaba la mayoría de viajes como demorados.
Críticas a un sistema ferroviario con muchas incidencias
Este suceso ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de las infraestructuras ferroviarias ante este tipo de delitos y ha reabierto el debate sobre la seguridad y la gestión de crisis en el transporte público español que para algunos es una asignatura pendiente desde hace mucho tiempo.
"Antes tu sabías a qué hora salías y a qué hora llegabas. Ahora cruzas los dedos", manifiesta Jorge.
Este usuario, que usualmente realiza viajes al sur del territorio a través de este medio, cuenta que gradualmente hay menos trenes y también es cada vez es más frecuente que los trenes se paren y se queden sin aire acondicionado. Bajo su punto de vista el problema real es que no se invierte en las infraestructuras ferroviarias y cada vez el sistema está más anticuado.
Pero las críticas también señalan a las estaciones, como asegura Francisco de Paula que comenta que se está convirtiendo en algo habitual para los que tienen que coger trenes a menudo.
"No es normal que yo haya perdido dos eventos en una semana por el tema de los trenes. Creo que Atocha se ha quedado pequeña para tantos pasajeros. No hay asientos suficientes. Tampoco nos han informado sobre la hora a la que iban a salir nuestros trenes y había mucha gente enfadada por la falta de gestión", dice.
La oleada de robos de cable en la red ferroviaria de Renfe no solo ha puesto en jaque la movilidad de miles de pasajeros, sino que también ha evidenciado la necesidad urgente de reforzar la seguridad y los protocolos de información y atención al viajero ante situaciones de crisis. Mientras las autoridades continúan con las investigaciones para identificar y detener a los responsables, la experiencia vivida por los afectados subraya la importancia de mejorar la coordinación y la capacidad de respuesta de las empresas ferroviarias para evitar que incidentes como este se traduzcan en largas horas de incertidumbre y desamparo para los usuarios.

