Podría uno pensar que las Unidades del Dolor son lugares oscuros, donde domina el sufrimiento. Y aunque lo segundo puede ser verdad, sus responsables se afanan en que lo primero no lo sea. Son cada vez más los hospitales que incorporan estos espacios, siempre multidisciplinares, para abordar el dolor crónico, ese que se convierte en una enfermedad cuando un paciente lo sufre durante más de tres meses. "Las unidades del dolor -explica la doctora María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor (SED) tienen la responsabilidad de asignar un diagnóstico y un tratamiento desde la esfera generalmente biomédica, pero también psicológica y social. Son un bastión importantísimo para la valoración, el seguimiento de estos pacientes y también para la categorización de lo que les está pasando, que a veces es lo más importante".
En Onda Cero hemos querido visitar una de estas Unidades, la del Hospital Universitario La Paz, con más de 30 años de trayectoria atendiendo pacientes. A unos metros de allí, en el pabellón infantil, el centro dispone también de una Unidad de Dolor Infantil, inaugurada en 1996 como un proyecto pionero en España. La primera alivia a más de 50.000 pacientes cada año. La segunda atiende a unos 60 niños cada año y responde a unas 1.300 sedaciones. La visita y el contexto de lo que supone el dolor en España son la guía de este reportaje:
En España hay unos nueve millones de personas que sufren dolor crónico, un dolor que afecta a todas las facetas de su vida. La Sociedad Española del Dolor diferencia cuatro tipos: el nociceptivo, causado por una inflamación de los tejidos, el neuropático, por lesión del sistema nervioso, el mixto, que es una mezcla de ambos y el nociplástico, que suma aquellos en los que no hay buena explicación del origen, y en el que están por ejemplo la fibromialgia, el síndrome de intestino irritable... "Son dolores -señala la doctora Madariaga- que afectan a toda la anatomía de la persona y tienen un altísimo componente de disfunción emocional, fatiga e insomnio".
El Hospital sin Dolor de La Paz es una unidad multidisciplinar donde se aplican técnicas quirúrgicas, intermedias o de enfermería. Además de médicos y enfermeras disponen de una psiquiatra, un reumatólogo y un rehabilitador. Dispone de un hospital de día, donde se aplican por ejemplo los anestésicos locales intravenosos y otro tipo de infusiones o técnicas eco guiadas y un quirófano totalmente dotado donde se realizan técnicas complejas que requieren fluoroscopia, un tipo radiografía que muestra en tiempo real órganos, tejidos y otras estructuras internas en movimiento. Aquí se hacen implantes de dispositivos como neuroestimuladores o bombas, "el escalón más avanzado en lo que es el tratamiento del dolor", aclara el doctor Javier de Andrés, coordinador de la Unidad del Dolor del Hospital La Paz.
Cuanto antes se trate el dolor, los resultados son mejores
Explica el doctor de Andrés, que se aprecia en el rostro de los pacientes "el efecto de las técnicas que aplicamos, aunque yo siempre digo que me encantaría que todos los pacientes que acudiesen por la puerta a la consulta pues se fuesen sin dolor. Pero eso no es. Y muchas veces también nuestros tratamientos son tratamientos temporales. Sí es cierto que algunos de estos tratamientos son definitivos, pero no es la mayoría de los casos". Y añade un problema recurrente: "muchas veces nos llegan los pacientes en estadios de cronicidad muy avanzados y está demostrado que cuanto antes se trate el dolor en los estadios sub agudos, pues los resultados son mejores y sobre todo se impide la cronificación".
El Hospital sin Dolor sólo atiende a adultos. Para responder a las necesidades de los más pequeños hay otra unidad especializada, la Unidad de Dolor Pediátrico. Allí se atiende a niños que sufren un dolor crónico derivado de afecciones de reumatología, dermatología, digestivo... También pequeños que atraviesan un proceso oncológico y los que están en la etapa final de su vida.
Cuenta Mara Melo, enfermera de la Unidad, que a veces sus pacientes son tan pequeños que el personal no es capaz "de identificar dónde es el dolor, cómo es el dolor, cuáles son las características que hacen que ese ese dolor cambie. Sin embargo, lo que sí que hacemos es pensar que si el paciente se queja de una sensación desagradable que puede ser dolor, lo tratamos como tal". Y apoya su afirmación Pilar Morán, anestesióloga de la Unidad. "Al final el dolor es lo que el paciente te puede expresar. Desgraciadamente hay pacientes que no lo expresan porque están en una edad preverbal o porque tienen un deterioro cognitivo o tienen patologías que no nos van a poder comunicar que sienten dolor. A esos pacientes se les trata siempre con la ayuda de sus progenitores, de sus cuidadores, que son los que conocen sus gestos. Y con escalas que hay específicas para el dolor en pacientes con deterioro cognitivo. Lo que desde aquí tratamos es que todo paciente que sea susceptible de tener dolor se le apoye y se le trate".
Se vuelve uno cada vez más sensible al dolor ajeno
La enfermera Mara no se resigna a acostumbrarse al llanto, al dolor de los niños. "Es más -explica- yo creo que uno cada vez se hace más sensible al dolor ajeno. Es importante no hacerlo tuyo, por supuesto, pero tener siempre presente que ese dolor está o puede estar. Ante la duda hay que investigar más y tratarlo de manera muy precoz, casi preventiva".
Tratar los dolores de forma preventiva pasa justo por eso, por investigar. "Disponemos -aclara el doctor Carlos Goicoetxea, vicepresidente de la Sociedad Española del Dolor- de un arsenal terapéutico bastante amplio, tenemos varios grupos de fármacos dirigidos a distintos tipos de dolor que en general son suficientes para para hacer frente a la mayoría de los dolores. A veces los fármacos no son suficientes y hay que buscar otro tipo de estrategias". "Esto no significa -añade- que desgraciadamente no tengamos pacientes con dolor, que no responden esos tratamientos".
¿Por dónde camina la investigación". Pues busca nuevas fórmulas, actualizar los medicamentos de que disponemos pero con otras vías de administración. "A la vez -remarca el doctor Goicoetxea, estamos buscando cómo mejorar los fármacos ya existentes para que sean más fáciles de administrar, para que tengan menos efectos secundarios, para que sean más cómodos para el paciente. Cuanto más sabemos del dolor, más dianas identificamos y más fármacos intentamos desarrollar para dirigirlos directamente contra esas dianas".
En este presente, en este futuro están las esperanzas de los casi dos millones y medio de españoles que sufren dolor cada uno de los días de su vida. Un 22% de los pacientes con dolor crónico sufren ansiedad, un 27% depresión. El dolor impacta en sus vidas hasta convertir en doloroso hasta respirar.

