Revuelta contra el gobierno

Trump establece un arancel del 25% para todos los países que comercien con Irán, donde las protestas ya superan los 600 muertos

Estados Unidos eleva la presión sobre Irán con una amenaza arancelaria global mientras el régimen afronta la mayor ola de protestas en años a la par que trata de suavizar sus relaciones con el país norteamericano.

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Madrid |

Iraníes asisten a una manifestación a favor del Gobierno en Teherán, Irán, el 12 de enero de 2026.
Iraníes asisten a una manifestación a favor del Gobierno en Teherán, Irán, el 12 de enero de 2026. | Reuters

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes que cualquier país que mantenga relaciones comerciales con Irán se enfrentará a un arancel del 25% en todas sus transacciones con Estados Unidos, una medida con la que Washington busca incrementar la presión sobre Teherán en plena ola de protestas internas contra el régimen. El anuncio llega en un momento especialmente delicado para la República Islámica, que vive las mayores movilizaciones antigubernamentales de los últimos años.

"Con efecto inmediato, cualquier país que haga negocios con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25% en todo comercio con los Estados Unidos de América", escribió Trump en su red social Truth Social, sin ofrecer más detalles sobre el alcance legal de la medida. La Casa Blanca no publicó documentación oficial al respecto ni aclaró si la sanción afectará a todos los socios comerciales de Irán, ni bajo qué autoridad se impondrán estos aranceles.

Las tarifas, en caso de aplicarse, serían abonadas por los importadores estadounidenses de productos procedentes de esos países. Irán, miembro de la OPEP, lleva años sometido a duras sanciones por parte de Washington y exporta la mayor parte de su petróleo a China, además de mantener importantes vínculos comerciales con Turquía, Irak, Emiratos Árabes Unidos e India. Desde Pekín, la embajada china en Washington criticó el enfoque de Trump y advirtió de que tomará "todas las medidas necesarias" para proteger sus intereses.

Más de 600 muertos en las protestas

Mientras tanto, la situación sobre el terreno en Irán continúa deteriorándose. El país, que el año pasado vivió una guerra de doce días con Israel —aliado de Estados Unidos— y cuyos centros nucleares fueron bombardeados por el Ejército estadounidense en junio, afronta ahora una revuelta popular que ha pasado de las protestas económicas a llamamientos directos a la caída del régimen teocrático, en lo que supone uno de los mayores desafíos al poder clerical desde la Revolución Islámica de 1979.

Las cifras de víctimas mortales siguen aumentando. La ONG con sede en Noruega Iran Human Rights (IHRNGO) ha informado este lunes de que ha verificado 648 manifestantes muertos desde el inicio de las protestas, el pasado 27 de diciembre. Por su parte, la red HRANA cifra los fallecidos en 646 personas, incluidos 133 miembros de las fuerzas de seguridad. Según IHRNGO, estos datos se basan únicamente en casos contrastados a través de dos fuentes independientes, entre ellas hospitales y centros donde se trasladan los cuerpos.

Entre las víctimas hay al menos nueve menores de 18 años, además de miles de heridos y más de 10.000 detenidos, según las organizaciones de derechos humanos. IHRNGO advierte de que el número final de fallecidos podría alcanzar los 6.000, aunque reconoce que el corte de Internet decretado por las autoridades desde el 8 de enero dificulta enormemente la verificación independiente de la información.

La ONG ha alertado también del riesgo inminente de ejecuciones. Uno de los detenidos, Erfan Soltani, de 26 años, habría sido condenado a muerte tras su arresto el pasado 8 de enero en Fardis, Karaj. "Le han comunicado a su familia que será ejecutado el 14 de enero", ha denunciado IHRNGO. Su director, Mahmud Amiri-Moghadam, ha advertido de que el riesgo de ejecuciones extrajudiciales es muy serio y ha comparado la represión actual con los crímenes del régimen en la década de 1980.

Pese al endurecimiento del discurso, Trump ha asegurado que la diplomacia sigue siendo su primera opción, aunque no ha descartado otras alternativas, incluida la militar. Teherán, por su parte, afirma mantener abiertos los canales de comunicación con Washington, mientras la presión internacional y la magnitud de las protestas sitúan al régimen iraní ante uno de los momentos más críticos de su historia reciente.