El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha querido dar un golpe de autoridad y anticiparse a las posibles sanciones por su ofensiva en Gaza al decir que su objetivo es transformar Israel en una “súper Esparta”, autosuficiente y preparada para resistir represalias económicas. Horas más tarde, ante el pánico de empresarios e inversores, se ha visto obligado a rectificar.
Las declaraciones llegan casi a la par que el anuncio de la Comisión Europea de sanciones contra Israel por su ofensiva en Gaza. Las medidas buscan retirar ventajas comerciales que ahorraban a Israel unos 227 millones de euros anuales en intercambios con los 27 Estados miembros, además de sancionar a dos ministros.
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, ha re de inmediato calificando las propuestas como “moral y políticamente distorsionadas” y advirtió de que habrá represalias contra Bruselas si finalmente se aprueban.
En ese contexto, Netanyahu ha asegurado que Israel debe adaptarse a una economía con características autárquicas, es decir, autosuficiente y preparada para funcionar al margen de la comunidad internacional: “Nuestras industrias de defensa están en pleno auge (…) pero ciertamente podemos encontrar restricciones políticas durante la guerra. Nuestro objetivo es resistir cualquier tipo de limitación internacional y brindar seguridad al país”.
Y tras ello, el mandatario no se ha cortado en decir que Israel debe convertirse en una “súper Esparta”, con una industria armamentística nacional blindada frente a embargos y sanciones.
Pánico en Tel Aviv
Las palabras no han tenido el efecto que esperaba. La Bolsa de Tel Aviv cayó en cuestión de horas y el Foro Empresarial de Israel, que agrupa a las 200 compañías más grandes del país, ha lanzado un duro comunicado: “No somos Esparta”.
Los empresarios alertaron de que las políticas de Netanyahu conducen al país “hacia un abismo político, económico y social que pondrá en peligro nuestra existencia en Israel”.
Rectificación exprés
La respuesta empresarial y el nerviosismo de los inversores obligaron al primer ministro a matizar sus declaraciones apenas unas horas después. Si bien defendió la solidez de la economía israelí, evitó insistir en la idea de la autarquía, un concepto que en Israel genera rechazo inmediato por la dependencia histórica del país de la inversión y el comercio exterior.

