La primera de la mañana

Marta García Aller hace balance de la cumbre de Davos: "En Bruselas empiezan a caerse del guindo, y ya era hora"

La periodista de Más de uno ha destacado las palabras del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en las que afirmaba que el orden internacional se encuentra ante el fin de una era.

Marta García Aller

Madrid |

Dice mucho del momento que vive Europa que el líder que más eco ha tenido esta semana convulsa defendiendo su futuro sea el de Canadá. En la cumbre de urgencia ayer en Bruselas hubo unidad, sí, pero no medidas concretas. Y resonaban todavía las palabras del primer ministro canadiense en Davos, del que deberíamos ya habernos aprendido el nombre: Mark Carney.

A lo mejor su nombre no resuena, pero sus palabras sí. Dijo Carney que esto no es una fase, es una ruptura. El fin de una era. Que la nostalgia no es una buena estrategia y no hay vuelta atrás. Aunque se eche atrás Trump en sus amenazas a Groenlandia, o quite la última amenaza de aranceles, lo que está tardando en quedar claro es que Trump puede cambiar de opinión en cualquier momento de cualquier cosa e incluso amenazar a sus aliados con la fuerza militar para salirse con la suya. Y eso no solo no es un aliado fiable, es un aliado peligroso. Es más, ni siquiera es un aliado.

Europa está tardando en aceptar que Estados Unidos ha pasado de ser un aliado a ser una amenaza. Ahora dice Trump que no va a querer la fuerza en Groenlandia, pero suena más bien a advertencia. Una especie de 'me va a doler más a mí que a ti'.

En Bruselas empiezan a caerse del guindo. Y ya era hora. Hay que tratar al mundo tal y como es ahora, no como nos gustaría a los europeos que fuera. Y este es un mundo en el que el presidente de EEUU dice que no le importa que le llamen dictador, que ser un dictador de vez en cuando no es tan mala idea (eso dijo en Davos).

A todo esto, Trump ha anunciado un acuerdo para Groenlandia con la OTAN, pero no está claro en qué consiste. Ni siquiera el primer ministro de Groenlandia, sabe todavía qué hay en el acuerdo. Escampe o no la crisis groenlandesa esta semana nos ha dejado claro cuáles son los límites de Trump: no tiene.

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