Tras tres décadas de obras -que parecían interminables- al fin ve la luz el Gran Museo Egipcio del El Cairo, dos veces más grande que el Louvre de París y situado en un lugar excepcional a la sombra de la Gran Pirámide de Guiza, que aspira a convertirse en un referente mundial para los amantes de la arqueología y la historia.
Este gigantesco proyecto muestra los secretos mejor guardados del faraón Tutankamón. Se podrán ver juntos por primera vez en la historia unos 100.000 objetos nunca antes expuestos, incluyendo los 5.000 tesoros de su tumba, su máscara dorada mortuoria o el trono del joven rey Tutankamón.
Más allá de los tesoros del faraón
Junto a los tesoros de Tutankamón, los visitantes podrán deleitarse con otras piezas históricas también impresionantes, como el coloso de Ramsés el Grande -de más de 3.200 años de antigüedad y que permaneció frente a la principal estación de tren de El Cairo durante medio siglo- antes de ser trasladado a su nueva ubicación. Y no solo eso, sino que además hay otra sección dedicada a la barca solar del Rey Keops, embarcación funeraria con 4.600 años de antigüedad y uno de los barcos más ancestrales y mejor conservados del Planeta.
Los egipcios aspiran a poder devolver algún día al Gran Museo Egipcio el Busto de Nefertiti, ubicado en la actualidad en El Neues Museum de Berlín, o la Piedra Rosetta, expuesta desde el año 1802 en el Museo Británico.
La construcción del megaproyecto del Gran Museo Egipcio ha costado más de 1200 millones de dólares, financiados en gran parte la Agencia de Cooperación Internacional nipona.
Aunque estaba prevista la inauguración del Gran Museo Egipcio en 2012, los retrasos derivados de su elevado coste, la inestabilidad política en la zona, los conflictos regionales y la pandemia de la COVID19 han retrasado al menos 13 años su apertura.
