cumbre comunitaria en bruselas

Europa ante el espejo: el momento de la verdad en Ucrania y en defensa

Los Veintisiete se reúnen para hablar conjuntamente sobre Ucrania y su política de defensa y abordar las amenazas tras las nuevas políticas de Trump que han dejado solo a Zelenski.

Jacobo de Regoyos

Madrid |

Audio: Jacobo de Regoyos/ Foto: EFE/ Christophe Petit Tesson

Después de las cumbres en París y Londres convocadas por los primeros ministros francés y británico, ésta es la primera que los 27 se reúnen conjuntamente para hablar de Ucrania y su nueva política de defensa. Es decir, que por primera vez se va a poner a prueba la unidad europea, fracturada por países como Hungría y Eslovaquia que, el menos en el caso de la ayuda a Ucrania, están en franco desacuerdo con la mayoría.

Desacuerdo que no es nuevo, sobre todo en el caso del Primer Ministro húngaro Viktor Orban. Pero que ahora sí podría llegar a convertirse en bloqueo vista la coincidencia de criterio con la actual administración en la Casa Blanca. Antes con Biden, siempre prefirieron contemporizar y dejar hacer mientras no les obligaran a ellos, Budapest y Bratislava, a imponer sanciones o enviar ayuda a Ucrania.

La Cumbre no será fácil también porque Europa, sencillamente, no tiene las capacidades militares para sustituir a EEUU en el apoyo a Ucrania. Esa es la realidad. Y porque las sociedades occidentales tampoco pueden soportar perder dinero en pensiones sanidad o educación para continuar una guerra en las fronteras de Rusia, percibidas como lejanas por algunos, una guerra que tiene pocas posibilidades de ser ganada y muchas de prolongarse sine die. Sus líderes saben que dedicar dinero a esto no es una receta para ganar elecciones. Sobre todo cuando esas mismas pensiones, sanidad o educación ya va a estar en peligro por el aumento del gasto en defensa que, éste si, reúne al menos en teoría un quorum más amplio, aunque siempre difícil luego de confirmar en el debate interno de cada país.

El plan de Von der Leyen

En defensa, lo difícil será pasar de las palabras a los hechos. Von der Leyen ha puesto encima de la mesa para discutir hoy un plan a diez años que reuniría -si lo aprueban los Jefes de Estado y de Gobierno- 800.000 millones de euros con los que se revitalizaría la industria militar europea mediante programas conjuntos de compra y producción. Se pagaría en parte con fondos estructurales, préstamos del BEI, un fondo de inversión comunitario de 150.000 millones de euros… y sobre todo con dinero salido de los presupuestos nacionales. Dinero, que, en lo que suponen gastos extraordinarios de defensa, no contará para calcular el límite del 3% de déficit del Pacto de Estabilidad debido a la activación de una cláusula excepcional por parte de la Comisión.

En cualquier caso los 27 sienten el aliento de Donald Trump, que sin estar sentado en la sala de reuniones se ha convertido en el invitado de piedra de la Cumbre. Tanto en el caso ucraniano como en el futuro de las relaciones transatlánticas, es él quien lo ha cambiado todo. Europa se limita a reaccionar consciente de que las relaciones transatlánticas se están tambaleando ya se tambalearon en el primer mandato de Trump, pero entonces la UE prefirió cerrar los ojos y los puños, y esperar a una nueva administración. Con Biden las cosas cambiaron, pero en realidad la UE no "nació geostratégicamente" como decía Borrell, sino que se limitó a seguir la senda de EEUU, confiando de nuevo su seguridad al socio norteamericano. Ahora, con el segundo mandato de Trump, los 27 se dan cuenta que estaban incluso peor que en el primer mandato de Trump, sin ninguna independencia militar y sin presencia geoestratégica.

Hoy van a evaluar qué margen político tienen para influir en unas negociaciones que EEUU quiere de una forma determinada y no de otra. Y en el fondo saben, que el margen es estrecho. O casi nulo.

Si todo esto sirve para construir una nueva voluntad política, está por demostrar.