Donald Trump vuelve a exhibir sin disimulo sus prioridades internacionales, con el petróleo venezolano como eje, Groenlandia como obsesión estratégica y la política española atrapada en cesiones, agravios y causas judiciales que siguen acumulándose, así resume Carlos Alsina la principales noticias del día
Al asalto del petróleo
Lo primero es el escaso disimulo que sigue demostrando Donald Trump sobre su verdadero interés en Venezuela: el petróleo. El abordaje ayer de dos petroleros que habían esquivado el bloqueo estadounidense, uno ruso y otro sin bandera —aunque presumiblemente con el mismo origen—, ha sido justificado por la Casa Blanca como parte de un plan en tres fases para llevar la democracia al país.
La primera fase, según Washington, sería la llamada estabilización para evitar el caos. Traducido: controlar la economía venezolana. Estados Unidos vendería el petróleo del país durante un tiempo indefinido —así lo reconoce la propia administración Trump— y decidiría después cómo y en qué se gasta ese dinero. En esta lógica se encuadra la incautación de los buques y de hasta 50 millones de barriles, cifra manejada por Marco Rubio.
Llama la atención la tibia reacción de Vladímir Putin. El Kremlin ha rechazado los abordajes y los ha calificado de piratería, pero se limita a pedir un trato humano y digno para la tripulación rusa. Nada más.
La segunda fase vuelve a girar sobre el mismo eje: abrir el mercado venezolano a las empresas occidentales. Es aquí donde, de forma tangencial, Rubio introduce el discurso de la reconciliación y la eventual liberación de presos políticos, presentada como efecto colateral del negocio.
En paralelo sigue latente el asunto de Groenlandia. La Casa Blanca recuerda estos días que Estados Unidos ha intentado hacerse con la isla desde el siglo XIX, cuando compró Alaska. El último intento serio fue tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Harry Truman ofreció cien millones de dólares, oferta que Dinamarca rechazó.
Blanquéame otra vez: Sánchez recibe a Junqueras
A las once de la mañana visita el Palacio de la Moncloa un condenado por malversación y sedición, posteriormente indultado y amnistiado por el Gobierno. Pedro Sánchez recibe a Oriol Junqueras para escenificar el tránsito del independentismo del “queremos irnos” al queremos más dinero.
Como Madrid no es París, Sánchez no atenderá a los medios tras la reunión. Habrá que esperar a lo que quiera contar el presidente de Esquerra. Sobre la mesa está el futuro de la legislatura: la financiación singular para Cataluña que defienden tanto Junqueras como Salvador Illa.
Esquerra acude con las cuentas hechas y anuncia un acuerdo inmediato que supondría cerca de 5.000 millones de euros adicionales para Cataluña, apelando al principio de ordinalidad: que quien más aporta, más reciba. ERC lo llama financiación singular; el PSOE, previsiblemente, intentará venderlo como un modelo general.
Puigdemont, molesto porque Sánchez haya recibido antes a Junqueras que a él, ha pedido a Miriam Nogueras que elabore una lista de las renuncias aceptadas por Esquerra en esta negociación.
Más problemas judiciales para Ábalos
Y se agrava la situación de José Luis Ábalos. A las causas abiertas se suma que se ha quedado sin abogado por segunda vez. Existen dudas razonables de que pueda contratar uno nuevo: ya no percibe sueldo del Congreso y el despacho Chabaneix ha renunciado a su defensa por impagos.
Ahora corresponde al Tribunal Supremo decidir si mantiene o suspende la vista prevista para la próxima semana, en la que debe revisarse su ingreso en prisión. Cuando Ábalos rompió con su anterior letrado en octubre, la vista no se suspendió.
Hoy tampoco podrá comparecer en el Senado. El juez Leopoldo Puente no ha autorizado su traslado para acudir a la comisión Koldo, al considerar que la Cámara Alta actuó con premura y sin tiempo suficiente para recabar la opinión de las partes.

