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PERFIL

La España de Santiago Abascal

El primer domingo de campaña de las generales confluyen tres efemérides. Según la tradición cristiana, se cumplirán 1.986 años de la entrada triunfal de Jesús de Nazaret en Jerusalén; con toda certeza habrán transcurrido 88 años de la proclamación de la Segunda República Española; y según el registro civil de Bilbao habrán pasado 43 desde el nacimiento de Santiago Abascal Conde en un hospital de la capital vizcaína.

Ismael Terriza | @ismaelterriza | Madrid
| 29/03/2019
Santiago Abascal

Santiago Abascal / EFE

Dos de esos hitos serán motivo de celebración para el líder de Vox. Nada comparable a la fiesta que puede montarse si, al cabo de dos semanas, se constata que el partido verde hinca bien honda su pica en el mapa político español. Escenario improbable no hace mucho, toda vez que Vox no consiguió subirse a la locomotora de la fragmentación parlamentaria que arrancó el 15M y tuvo una primera parada en las Europeas de 2014.

Nieto de un alcalde de Amurrio e hijo de un histórico de Alianza Popular y dirigente del PP de Álava durante 35 años, Santiago Abascal madrugó en la militancia política y maduró rápido, con la premura impuesta por un escenario hostil, el País Vasco de la ETA que mataba.

Se afilió al PP en 1994. Fue concejal de Llodio (1999-2007); presidente de Nuevas Generaciones en Euskadi con 24 años; miembro de la Junta Directiva Nacional del PP (2000-2005); de las Juntas Generales de Álava (2003-2004), y diputado Parlamento vasco (2005-2009). A su escaño llegó recién licenciado en Sociología por la Universidad de Deusto.

Apoyó el acuerdo PSOE-PP que hizo lehendakari a Patxi López y aunque nunca estuvo cómodo durante la legislatura, se prestó a salvaguardarlo aun “tapándose la nariz”. No eludió desaprobar el rumbo de Rajoy en el manejo del conflicto vasco y Esperanza Aguirre reparó en él.

La presidenta de la Comunidad de Madrid lo hizo de los suyos. Lo trajo a su lado para, en la capital, asumir la presidencia de la Agencia de Protección de Datos. Allí estuvo dos años y otro más dirigiendo la Fundación para el Mecenazgo y Prestación Social. En paralelo, desde 2006 era promotor y fundador de DENAES, la Fundación para la Defensa de la Nación Española.

Sobrevino el momento en que de las objeciones a Rajoy pasó a la sanción. Firmó su finiquito en el PP y utilizó El Mundo como altavoz. Abascal envió una carta al diario dirigido entonces por Pedro J. Ramírez, acusando al presidente de “traicionar los valores del Partido Popular”. Esa misiva todavía luce hoy en la portada de su blog. Fue el 25 de noviembre de 2013, el día de la ruptura. Tres semanas después de darse de baja en Génova 13, había forjado su propio partido.

Vox se formalizó a las puertas de las Navidades de 2013 y se presentó en sociedad a la vuelta de vacaciones. Abascal se hizo acompañar del exfuncionario de prisiones y secuestrado de ETA, Ortega Lara y, en aquel acto, perimetró el terreno sobre el que construir el proyecto: la España centralizada.

El modelo de las autonomías estaba más que caduco; había fracasado, proclamó. El independentismo había que combatirlo, procesar y encarcelar a sus promotores y, en consecuencia, atar en corto a las instituciones catalanas. Abascal, en 2015, fue el primero en ponerle nombre al remedio, artículo 155.

 

Desde entonces, la crecida del secesionismo catalán acarreó un despegue de Vox, directamente proporcional. La singladura desembocó en Carabanchel, el 7 de octubre pasado. El procés abarrotó Vistalegre. Diez mil personas a las que Santiago Abascal les dijo sobre todo tres cosas: que tenían la herramienta, “Vox es un instrumento para España y para los españoles”; que las soluciones ya no pasaban por “la derechita cobarde”, y que el momento había llegado, “desbordaremos las urnas.”

 

De entrada, desbordaron las encuestas e hicieron naufragar dos meses después el poder perpetuo de los socialistas en la Junta de Andalucía. De 0 a 12.

 

Abascal en Europa

"No es un partido, es un movimiento de reacción cultural. Saldremos a ganar". Así se expresó Abascal en la Asamblea General de febrero. Su condición de ser movimiento le aporta populismo y transversalidad, lo justo para poder recoger el voto que transita, incluso el que algún día hizo morada en la némesis podemita. Su carácter reaccionario le inserta en el nacionalismo, el español. Ambas atribuciones manejadas por el líder emparentan a Vox con los solistas de la orquesta que causa estridencias en el continente. Salvini, Orban o Kaczyński, el presidente del partido polaco Ley y Justicia.

Defensa de la unidad de España hasta las últimas consecuencias; defensa del Estado de Derecho; rebaja fiscal; reforma de la ley electoral; y fronteras seguras. Son cinco principios que argamasan diez pilares. Entre ellos el apoyo a la familia, vida y valores o el que apuntala la Europa de la cristiandad abogando por el cierre de mezquitas fundamentalistas y negando una Turquía como futuro Estado Miembro de la UE. Diez pilares que, a su vez, abigarran un programa de cien medidas. Algunas explicitadas como la demonización de la Ley de la Violencia de Género o el apoyo a la caza y al mundo rural. Y otras derivadas como el derecho a la legítima defensa, arma en mano.

Consagrado a las redes

Y detrás, las redes sociales bien cosidas. Todo se recoge, todo se tamiza, poco se filtra. Ese es el diapasón que modula cada proclama, anuncio o mitin; y cuando es preciso atenúa las polémicas. Al servicio de tal propósito, un ejército de tuiteros (muchos simples simpatizantes) para ponderar la figura de Abascal o glosar sus baños de masas, como la espontanea ovación a la salida de la corrida de Fallas.

 

El hombre de complexión atlética, que corre los campos, sube los montes, bebe del manantial, se encarama en los toros de Osborne o monta a caballo como el Campeador tiene un tótem, el joven vicesecretario de Comunicación y flamante cabeza de lista al Congreso por Toledo.

Manuel Mariscal (Talavera de la Reina, 1992) ha situado a Abascal en la vanguardia de la alternativa a los medios de comunicación tradicionales. Un fichaje formado al abrigo de la Secretaría de Estado de Comunicación de Carmen Martínez Castro y que, concluidas sus prácticas, el PP no estimó su incorporación. Mariscal es la versión española del alt-right, la derecha alternativa cuyas formas de comunicación conceden el mismo valor al mantra antiestablishment que al meme.

Cuando los rivales políticos se avienen a contrarrestar el mensaje, casi siempre es tarde, se ha viralizado. Mariscal ha multiplicado en meses los seguidores de Vox en Facebook, Twitter o Instagram. Ha transformado al candidato número 1 de la circunscripción de Madrid en un influencer; rebasando en semanas el caudal de followers de su segunda y actual esposa, Lidia Bedman, bloguera de éxito y madre de sus dos hijos pequeños. A los dos mayores, fruto del primer matrimonio, los visita siempre que puede. Viaje de ida y vuelta cada fin de semana a Vitoria, hueco obligado en una agenda que ahora se ve forzada por causa mayor. Esta parece una.

“Una nación reacciona y despierta cuando la molestan como están molestando a España. En esta hora de los cobardes y traidores, son demasiados los ultrajes y vejaciones […] España no se va a detener hasta reconquistar su grandeza". Santiago Abascal, Palacio Vistalegre. 7 de octubre de 2018.