Diario de Campaña

La democracia en los Estados Unidos funciona y la voz de los estadounidenses va a ser escuchada

Estados Unidos sigue en la duda de quién será el presidente que resida en la Casa Blanca los próximos cuatro años. Lo que está claro es que todos los votos se están contando y la voz de los norteamericanos va a ser escuchada.

Agustín Alcalá

Madrid | 04.11.2020 17:44

Ciudadanos de Estados Unidos rellenan sus boletos para ejercer el voto
Ciudadanos de Estados Unidos rellenan sus boletos para ejercer el voto | EFE

La democracia en Estados Unidos funciona, todos los votos están siendo contados, la voz de los norteamericanos va a ser escuchada como debe ser y los ciudadanos son los que deciden quién es el presidente de la nación. Y el principio de one person, one vote de la jurisprudencia británica que los padres fundadores de la patria reconocieron como fundamental para crear los Estados Unidos de América se cumple y se respeta.

Ahora es necesario que las instituciones, la presidencia, el Congreso y la judicatura cumplan su papel, que se cuenten todos los votos y el presidente y el candidato demócrata, los políticos del Capitolio y los jueces del Tribunal Supremo en estos momentos de crispación, incertidumbre y división eviten avivar los resentimientos, fomentar el victimismo y provocar que en una nación armada hasta los dientes algunas personas decidan tomarse la Justicia por su mano.

En la mañana después de la cita electoral en la que es probable que hayan votado unos 160 millones de estadounidenses el camino de Joe Biden para llegar a la Casa Blanca parece más claro que el de Donald Trump para mantener el título de presidente de Estados Unidos.

Con millones de papeletas por contarse, el camino de Biden parece más claro

Cuando todavía faltan por contarse unos 22 millones de papeletas en algunos de los mayores centros urbanos de la nación como Detroit, Atlanta y Filadelfia, el aspirante demócrata tiene una ventaja clave sobre su rival republicano que probablemente no pierda durante las próximas horas y días en los que se seguirán contando los votos: la mayoría de los sufragios que deben ser contados son los recibidos por correo que enviaron los estadounidenses a sus oficinas electorales antes de la votación en persona de ayer. Y hay muchas posibilidades de que esos votos sean de millones de sus partidarios que escucharon sus peticiones para que los mandaran por correo debido a la pandemia y lleven al vicepresidente en volandas hacia el 1600 de Pennsylvania Avenue.

Biden lleva ventaja en Michigan, en Wisconsin, en Nevada y Arizona (estado que la agencia Associated Press y la cadena Fox News le han adjudicado ya), está ligeramente por detrás en Georgia, lejos en Pennsylvania y cada vez parece menos probable que venza en Carolina del Norte. El aspirante demócrata tiene cerca del mediodía en la Costa Este 238 votos en el colegio electoral y si gana en Michigan y en Wisconsin, y gracias al voto afroamericano de Atlanta vence en Georgia obtendrá 280 votos en el colegio electoral y será el 46 presidente de la nación.

Nadie descuenta las posibilidades de que Trump gane nuevamente si vence en Pennsylvania, donde faltan por contarse un millón de votos en los alrededores de Pittsburgh y Filadelfia, retiene Carolina del Norte, da la sorpresa en Nevada y viene por detrás para vencer en Georgia obtendrá 270 electores en el colegio electoral y seguirá siendo el presidente.

Nadie espera, tampoco, que Trump que ayer declaró que el ganar es fácil y el perder nunca lo es, al menos para mi, acepte su derrota sin pelear y prepare sus maletas y sus palos de golf para abandonar la Casa Blanca para trasladarse a vivir a su mansión en West Palm Beach, en Florida. Después de declarar esta madrugada, falsamente, su victoria y denunciar que Biden y los suyos estaban intentando privar fraudulentamente a sus seguidores del triunfo que habían obtenido en las urnas su campaña ya prepara cientos de demandas en los tribunales para cuestionar los resultados, solicitar recuentos e invalidar millones de votos alegando que han sido recibidos fuera de plazo, tienen irregularidades como la falta de firmas y son ilegales.

Y será entonces cuando, ante un desafío monumental para la democracia estadounidense, se respeta más que nunca la promesa de one person, one vote.