En estos días la central nuclear de Almaraz y, por extensión, el resto de las instalaciones atómicas españolas se juegan su futuro. Comienza el proceso de cierre de la central extremeña, la primera en el calendario si el Gobierno no cambia de opinión antes las presiones de las eléctricas y la evidencia de un incremento sostenido de la demanda energética.
Negociaciones que no arrancan
Las propietarias de la central extremeña Iberdrola, Endesa y Naturgy quieren una prórroga de tres años para Almaraz, hasta 2030. Y es que con el calendario actual, en noviembre de 2027 Almaraz debe parar su primer reactor y un año después el segundo. Los cinco restantes que hay en España, tienen hasta 2035 para apagarse progresivamente. Pero las negociaciones están en punto muerto. Las energéticas recuerdan que con la carga impositiva, el trabajo no es rentable, mientras el Gobierno pone líneas rojas que pasan por la seguridad de suministro y el coste cero para el consumidor.
Red Eléctrica, el operador del sistema debe emitir un informe y pronunciarse sobre si es viable cerrar Almaraz y su impacto en todo el sistema eléctrico español. Un sistema, tras el apagón de abril, que busca estabilidad. Su evaluación podría acabar de inclinar la balanza sobre el futuro de los siete reactores.
Penúltima recarga
Son días intensos en la central nuclear de Almaraz, donde sus más de mil trabajadores acometen el delicado proceso de recarga de su segundo reactor, pendientes de su futuro y una prórroga que de momento no llega. El complicado proceso dura cerca de un mes, unos 35 días que se planifican con mucha antelación. Antonio Calero jefe de soporte técnico de la central nuclear de Almaraz, asegura en Onda Cero Radio que nada se deja a la improvisación: "lo más importante es la seguridad, cuando planificamos una recarga lo prioritario es terminarla con cero accidentes". De hecho, nada más entrar a la entrada de la central encontramos un panel donde se cuentan con orgullo los días sin accidentes.

Pero Almaraz no es una central cualquiera. Con sus dos reactores en funcionamiento aporta el 7% de la energía que se genera en España, electricidad estable para 4 millones de personas. Todas las centrales nucleares españolas aportan el 20% de la electricidad al sistema, sin emisiones contaminantes, sin ellas habría que tirar del gas y los ciclos combinados, que salen más caros y que tendrían un impacto en la factura. Sin ellas, la factura podría subir cerca de un 25% para los consumidores. Solo por prudencia, apunta el presidente del Foro Nuclear, Ignacio Araluce deberían continuar abiertas, porque son garantía de suministro y un escudo antiapagones.
Almaraz cumple las condiciones de seguridad para funcionar 80 años, de hecho, su gemela en Virginia tiene permiso para hacerlo 60 años. La central está además prácticamente amortizada, según el Foro Nuclear. Para tenerla al día, se invierten cerca de 50 millones de euros al año.
¿Se puede realmente cerrar Almaraz?
Los expertos recuerdan que renunciar a la energía nuclear perjudicará al funcionamiento de la red y a todo el sistema eléctrico, que desde el apagón continúa trabajando reforzado, algo que ya empieza a reflejarse en el recibo de la luz, lo encarece. Con el añadido de la falta de capacidad para almacenar energía, la pregunta que centra el debate es si podemos permitirnos prescindir del respaldo nuclear, justo cuando el sistema necesita más estabilidad, con una situación que ha cambiado en España después del gran apagón del 28 de abril.

Las centrales nucleares trabajan las 24 horas del día, según explica en Onda Cero Víctor Ruiz Ezpeleta , profesor de OBS Business School, "no dependen del tiempo, como las renovables y pueden proporcionar energía sin interrupciones. No podemos renunciar a ellas, mientras no seamos capaces de contrarrestar esa aportación del 20% de la electricidad al sistema, con otras energías".
Golpe para el empleo
El desenlace es vital para Extremadura, donde Almaraz es uno de sus motores económico y laboral del que depende hasta cuatro mil puestos de trabajo directos e indirectos. El presidente de La Plataforma Si Almaraz, Fernando Sánchez, confía en que se despeje la incertidumbre, porque de ello dependen empleos y su futuro.
