Se acerca el sorteo de la Lotería Nacional, y los nervios se empiezan a sentir entre aquellos que han adquirido un décimo. Precisamente esta es la temática que aborda el dilema de esta semana. Después de leerlo, Freire ha afirmado que Más de uno tiene una audiencia muy inteligente, tanto que en ocasiones se pasan de listos. Es el caso de Andrés, quien nos envía el siguiente mensaje.
Querido Jorge:
Me llamo Andrés, y estoy pasando unos días de verdadera zozobra. Verás, yo me considero una persona racional, escéptica, enemiga de las supersticiones y, visto lo visto, el último bastión racional de una oficina de treinta y dos personas. En mi trabajo, todos mis compañeros están ilusionadísimos compartiendo número para el sorteo de Navidad. A nadie le falta su décimo, y en la parada del café fantasean elucubrando sobre a qué dedicarían el dinero del premio.
Todos tienen su décimo, menos yo. Cuando me preguntan -y esto ocurre casi a diario- les explico que me niego por principios, que es casi imposible que toque. Y que considero que la lotería es un impuesto sobre la pobreza que financian quienes menos tienen, un sistema que no premia el mérito, ni el esfuerzo, ni siquiera la estrategia.
Su respuesta es la misma que cuando critico sus magufadas. Cuando les digo que creen en supercherías, que son unos cuñaos y unos terraplanistas, me dicen que “no sea tan intenso” y que no lleve siempre la contraria. Como no he querido comprar Lotería de Navidad, me acusan entre risas de ser un Grinch y un triste.
El problema es que, ante tanta insistencia, ahora me asalta una duda: ¿y si ganan? No hablo de ganar un pellizco, ¿eh? Hablo de ganar bien. De salir en la foto con el cheque gigante. De ver cómo abandonan la oficina entre gritos mientras yo me quedo en la silla ergonómica.
Jorge, sé que no podría con ese bajón. No podría decirles "me alegro por vosotros". Ellos se irían a brindar a un chiringuito de Maldivas y yo me quedaría con mis principios y mi resentimiento.
Un saludo escéptico,
Andrés
Jorge Abad ha señalado que comparte el planteamiento de Andrés y le ha animado a perseverar en su decisión, aunque ha reconocido que él es más débil y acaba comprando el llamado “seguro de la lotería” por miedo a que el premio caiga cerca. Aun así, ha considerado que la postura de Andrés es coherente y sólida.
Para el filósofo Freire, sin embargo, el caso refleja un mal "muy español": la envidia. El colaborador de Más de uno ha explicado que, en muchas ocasiones, molestan más las alegrías ajenas que los propios males. Para ilustrarlo, ha recurrido al poeta romano Ovidio, que describía la envidia como una mujer de la que brota una serpiente por la sien y que acaba devorándose su propio pecho.
Jorge Abad y Begoña han apuntado que, más allá de la envidia, también pesa la frustración que genera ver cómo a toda la redacción le toca el Gordo de la lotería mientras uno se queda a las puertas del premio.
Freire ha añadido, además, que no es recomendable ir por la vida "haciéndose el listo" y ha recordado la figura del 'tonto de los pasteles' en la corte de Carlos II "el Hechizado" un bufón que cometía errores deliberadamente —como comerse media bandeja de pasteles antes de entregarla o beberse casi una botella de vino— y que se escudaba en hacerse el tonto.
Por último, el filósofo ha matizado que mantener la compostura también implica que quienes resultan agraciados con el premio no se lo "pasen por los morros" a quienes no han tenido esa suerte.

