Hacía mucho, mucho tiempo que no se veía una primera parte tan mala de Osasuna en su conjunto. Con un equipo alicaído, que no supo adaptarse a jugar en un césped muy lento y que cometió multitud de errores de técnica, gol incluido.
Parece mentira tener que rescatar argumentos de 2017, pero es imposible ganar partidos cometiendo errores tan groseros como el que costó el empate contra el Elche el jueves o el de Catena en el primer gol del Betis de ayer. Y se confirma que no iba nada desencaminado Alessio Lisci el otro día cuando aseguraba visiblemente enfadado que Osasuna no compite como tiene que hacerlo. Ayer pasó algo parecido no antes del primer gol, sino después: nadie asumió el rol de líder en el campo ni en lo emocional ni en lo futbolístico. Al revés, el equipo se iba descomponiendo, la falta de confianza era alarmante y las pérdidas de balón se sucedían por doquier. Malos controles de balón, ningún remate hasta el minuto 43, pases al rival, despejes desafortunados… Osasuna no dio pie con bola en la primera mitad.
Hacía falta entonces que entrara en juego otro liderazgo, el del banquillo, y si bien Lisci está demostrando que es otro entrenador que empieza a confiar siempre en los mismos (aunque eligió este encuentro para proponer a Raúl y Budimir juntos de inicio como había anunciado que haría en algún partido), sí que busca alternativas diferentes, raras incluso, con los cambios y la colocación de determinados futbolistas.
El esquema de la segunda parte era un 4-2-4 con Víctor, Raúl, Budimir y Becker arriba, que varió con la entrada de Kike Barja y la salida de Rosier para ubicar de carrilero derecho a Víctor Muñoz, en el puesto donde el jueves terminó jugando Juan Cruz. Por ahí sí se aprecia un deseo de agitar el partido, aunque no termine de funcionar.
Ayer era uno de esos días en los que nada hubiera funcionado, de hecho, pero el balance de la semana no es bueno. Osasuna ha perdido más que cinco puntos. Ha perdido fe en sí mismo y ha desnudado sus carencias, que son bastantes. A veces el viejo estilo de atacar inmisericordemente olvidándose de tácticas puede ser más eficaz que el orden y los conceptos. Ya total…

