Deshinchado. Así fueron el fútbol, y los errores, de Osasuna. Como los balones del partido. No se entiende cómo en una de las mejores ligas de Europa no se es absolutamente escrupuloso con todos estos detalles para que el espectáculo salga perfecto. El foco que molesta a Bryan al centrar (son más importantes los lúmenes para que el de casa vea bien un centro malo), los balones sin la presión correcta (no se sabe si para sacar beneficio o no, porque eso perjudica a ambos), y el exceso de riego en la banda derecha en el descanso sobre todo, y de manera muy descarada, en la parte donde atacaba Osasuna (los expertos entrenadores de la transmisión decían que perjudicaba más a los rojillos, aunque ahí defendía Mojica…).
Y el cambio de criterio arbitral, claro. Con lo bien que lo estaba haciendo Cordero Vega en la primera mitad, con personalidad, explicando sus decisiones y dejando jugar. Me apuesto una entrada de las de 150 euros para el sábado contra el Madrid a que le avisaron de la segunda amarilla no sacada a Torró (dudosa pero aparatosa) y empezó a compensar. Error. A partir de ahí dejó de pitar faltas a favor de Osasuna, alguna flagrante como la cometida sobre Aimar en las postrimerías del partido, y acertó con el penalti a Muriqi. Obvió, sin embargo, la mano desplegada de Maffeo de la que sacó ventaja al permitirle controlar y despejar el balón.
No fue el día de Catena, una vez más, y Catena sin embargo marcó medio gol al rematar a puerta en la acción que completó Boyomo, y suya fue la mejor ocasión del partido que obligó a una palomita salvadora de Greiff ya con el 1-1.
Un equipo que se infla y se desinfla como un balón de playa que no aguanta las embestidas de los bañistas no va a conseguir enganchar con los de arriba. Los errores individuales y los grupales, encajando gol en una contra que venía de un balón parado a favor, volvieron a determinar el marcador.
A favor, el enorme empuje y la fe de los jugadores a partir del minuto 88, con la tardía entrada de Kike Barja, para arrinconar y asfixiar a un Mallorca que por su dinámica negativa tuvo miedo de ganar y acumuló demasiada gente atrás. De ahí que tras el gol de Boyomo en el 93 el equipo leyera bien el partido buscando la victoria con atrevimiento. Osasuna terminó hinchado. Pero se sigue deshinchando a ratos.
