El verano más desconocido en la Región se vive entre sierras, pozas escondidas donde el agua brota clara entre las rocas, pueblos de montaña y un calendario de fiestas y festivales que llenan las noches de música, gastronomía y tradición.
Mientras la costa alcanza niveles elevados de ocupación, el interior de la Región se presenta como una alternativa auténtica para quienes buscan otras vacaciones: menos concurridas, más conectadas con el paisaje, el ritmo rural y las experiencias con identidad.

Aguas y paisajes que invitan a desconectar
Bullas guarda uno de los rincones más buscados del verano: el Salto del Usero. Esta cascada que cae sobre una poza de agua turquesa forma parte del imaginario local, con leyendas, baños rituales en San Juan y un entorno protegido que sorprende por su belleza. El acceso se controla en los meses de mayor afluencia para preservar el paraje, pero el premio merece la reserva: un baño bajo la piedra erosionada, rodeado de vegetación y con el murmullo del agua como única banda sonora.
Más al norte, Moratalla ofrece varias alternativas para quienes buscan naturaleza. Las pozas de Somogil, alimentadas por el río Benamor, se esconden entre senderos de tierra y bosque mediterráneo. La caminata hasta ellas es sencilla y permite detenerse a observar libélulas, o a chapotear con calma en aguas limpias, casi secretas. El entorno, alejado de grandes flujos turísticos, es ideal para pasar el día entre sombra, lectura y conversación.
En Cehegín, las sierras de Burete y Lavia guardan también pozas que se forman en el cauce del arroyo de Burete. No están señalizadas como una ruta turística, pero forman parte de esos lugares que se descubren con calma, preguntando al llegar, dejándose guiar por quienes conocen el terreno. Pequeños remansos de agua, sombra bajo encinas y aroma de romero. Así se entiende aquí el verano.

Planes con alma rural
Además de los baños de naturaleza, el interior ofrece cada vez más propuestas que combinan paisaje, cultura y experiencia. Una de las más singulares es Lalavand, en Moratalla, donde los campos de lavanda en flor se convierten en escenario de conciertos, talleres creativos o catas al atardecer. No se trata solo de mirar la floración: se trata de estar, oler, tocar, conectar.

Y siempre, el sabor como broche final
La gastronomía del interior se reconoce por el valor de sus productos, muchos de ellos amparados por sellos de calidad. El arroz de Calasparra, con Denominación de Origen, es uno de los emblemas regionales. Los quesos con DOP, como el Queso de Murcia y el Queso de Murcia al vino, elaborados con leche de cabra autóctona, forman parte del recetario local y maridan con naturalidad con los vinos del Altiplano. También el pimentón de Murcia, con DOP, aporta identidad y sabor a muchas preparaciones. Todo ello bajo el sello 1001 Sabores Región de Murcia, que reúne en cada producto la autenticidad de su origen.

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Costa Cálida – Región de Murcia, felicidad de la buena.

