Con motivo del Día de Todos los Santos y en sintonía con las reflexiones que despierta Halloween, el Archivo General de la Región de Murcia lanza una galería fotográfica virtual dedicada a la fotografía post mortem. Esta práctica, tan desconocida como conmovedora, fue durante el siglo XIX y buena parte del XX una forma de preservar el único retrato de un ser querido, especialmente de niños.
«Estas imágenes, cargadas de simbolismo y ternura, son una fuente esencial para comprender la historia cultural, social y emocional de la Región de Murcia», destaca Patricio Sánchez, director general de Patrimonio Cultural.
La muestra reúne una cuidada selección de imágenes procedentes de los fondos del propio Archivo y de colecciones privadas. Sobresalen los trabajos de Fernando Navarro (Totana, 1885–1915) y José Casaú (Cartagena, 1910–1930), junto a álbumes familiares como los Fontes Pascual del Riquelme-Viudes, Jiménez de Cisneros o Dictinio de Castillo. Las escenas retratan al difunto -especialmente si era menor- vestido con sus mejores galas, rodeado de flores, en cunas o en brazos de sus padres, evocando más un sueño apacible que una despedida.
Una práctica que habla de amor, no de morbo
La popularización de la fotografía a partir del daguerrotipo en 1839 democratizó el retrato, convirtiéndolo en un recuerdo accesible para las clases medias. En una época marcada por la alta mortalidad infantil y la escasez de imágenes 'en vida', el retrato post mortem era, en muchos casos, el único testimonio visual del ser querido.
Lejos de lo macabro, estas fotografías adoptaban un lenguaje simbólico: flores, relojes de arena, velos, mejillas ligeramente sonrojadas añadidas al positivo para suavizar la palidez, y escenificaciones que sugerían el sueño más que la muerte. En España, los estudios coinciden en que estas imágenes permiten leer la mentalidad del siglo XIX y el papel del duelo en el ámbito doméstico.
Murcia, archivos y memoria
El Archivo General conserva fondos clave para entender la cultura visual regional. El fondo Fernando Navarro, fotógrafo (Totana) -con miles de placas de vidrio, mayoritariamente retratos- sitúa a este autor como figura destacada en el estudio fotográfico de la época. La muestra virtual incorpora también material del cartagenero José Casaú, confirmando que esta práctica estaba extendida tanto en entornos rurales como urbanos, y entre distintas clases sociales.
Una invitación a mirar con respeto
Más allá de su valor documental, la galería propone repensar nuestra relación con la muerte. En una sociedad que tiende a externalizar el duelo, estas escenas familiares -tomadas en casa o en estudio- recuerdan que hubo un tiempo en que la despedida formaba parte de la vida cotidiana y se fotografiaba para acompañar la memoria.
Claves rápidas sobre la fotografía post mortem
- Qué es: Retratos de personas fallecidas realizados poco después del deceso. En el siglo XIX se concebían como 'memento' y formaban parte de los rituales de duelo.
- Por qué se popularizó: La democratización del retrato desde 1839 y la alta mortalidad infantil la hicieron habitual; en muchos casos era la única imagen del retratado.
- Cómo se representaba: Niños 'durmiendo', adultos en ataúd o en escenografías domésticas; flores, objetos simbólicos y retoques como rubor en las mejillas.
- Qué aporta hoy: Una fuente para la historia social y emocional: habla de familia, religiosidad, clase social, prácticas sanitarias y del desarrollo de la fotografía.
«Si hoy hacemos miles de fotos “en vida”, aquellas familias hicieron una cuando pudieron. Cambia el soporte, no el amor. Ahí está la clave.»

