Existe un maltrato que no deja moratones visibles. Ocurre en casa, entre las cuatro paredes donde una persona mayor debería sentirse más segura, y lo ejerce muchas veces quien cuida. La víctima calla, por miedo, por vergüenza, por culpa o, sencillamente, porque depende de quien le hace daño. Coincidiendo con el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, que se conmemora cada 15 de junio, Más de uno Murcia ha querido poner rostro a una realidad que las cifras dibujan con nitidez: ocho de cada diez personas mayores que sufren maltrato y reciben atención son mujeres.
Marisa Gómez, referente autonómica del programa de mayores de Cruz Roja en la Región de Murcia, defiende que esta violencia ha permanecido oculta durante décadas. «No quiere decir que no existiera, sino que ahora, por suerte, sí estamos creyendo en que estos casos existen», explica. La vulnerabilidad, según detalla, no se explica solo por la edad, sino por la confluencia de factores como la dependencia, la pertenencia a una minoría étnica, racial o religiosa, o la privación de libertad.
Por qué ser mujer mayor multiplica el riesgo
La brecha de género no es casual. Marisa Gómez la vincula a la dependencia económica y al peso del patriarcado que estas mujeres han vivido a lo largo de su vida, «esa dominancia de la figura masculina» ejercida primero por los padres y, después, en muchos casos, por las parejas. A esa carga histórica se suma la percepción social de que son «más débiles» y «más vulnerables».
Los datos de Cruz Roja respaldan ese diagnóstico. Solo en el último año, la organización ha atendido a 2.229 personas mayores en situación de maltrato o riesgo de sufrirlo, de las cuales el 80 % eran mujeres. Desde 2017, año en que arrancó el proyecto «Buen Trato a las Personas Mayores», la entidad ha atendido a más de 31.000 personas, el 85 % mujeres. El riesgo, advierte la organización, se agrava cuando concurren otros factores como el origen, la pertenencia a minorías religiosas o una orientación sexual no normativa.
El maltrato de la palabra
«A veces, solo con la palabra ya estamos haciendo ese maltrato», advierte Marisa Gómez, que pone ejemplos cotidianos en los que incurren incluso los propios hijos e hijas sin ser conscientes:
- «Déjame, que tú no sabes».
- «Como tú no tienes nada que hacer, puedes cuidar de mis hijos».
- En la consulta médica: «Dígamelo a mí, que ya no se entera».
- Ante una celebración: «Mamá, ¿para qué te vas a comprar un vestido nuevo?».
Son frases que, repetidas día a día, merman la autoestima de la persona mayor. El maltrato psicológico encabeza, de hecho, las estadísticas de Cruz Roja, seguido del abandono, el abuso económico y la negligencia. En la mayoría de los casos, el entorno familiar o de cuidados -donde existe una fuerte dependencia emocional y funcional- es también el espacio en el que se produce el daño.
Del maltrato al «buen trato»
La detección de estas situaciones, cuando no hay marcas visibles, exige cercanía. Cruz Roja la logra a través del contacto semanal con las personas mayores, que muchas veces manifiestan su situación «sin decirlo»: en una higiene descuidada, en una vivienda en malas condiciones o en confidencias sobre la soledad y el control económico que ejercen terceros.
La organización ha optado por desplazar el foco del lenguaje. «Intentamos quitar la palabra maltrato para darle otro posicionamiento y trabajar sobre el buen trato», señala Marisa Gómez, convencida de que el cambio de prefijo «cambia la situación, la perspectiva y la manera de mirar». En esa línea, reivindica acabar con el edadismo y con la infantilización de los mayores: «No son niños ni niñas. Tampoco son "nuestros" mayores: son personas mayores. Hemos de protegerlas igual que a otros colectivos».
Especialmente preocupante resulta el autoedadismo, esa renuncia que los propios mayores interiorizan: «Yo, para qué», «con la edad que tengo, ¿qué necesidad?». «Nos hemos autoconvencido de que, cuando cumplimos cierta edad, ya no servimos, ya no aportamos», lamenta la referente de Cruz Roja, que insiste en el mensaje contrario: los mayores «tienen mucho que aportar» y son «parte de la experiencia que tenemos en nuestra sociedad».
Formación y redes de protección
El proyecto «Buen Trato a las Personas Mayores», cofinanciado con el 0,7 % del IRPF, se desarrolla en 96 municipios y en 2025 dio respuesta a cerca de 2.230 mayores con la implicación de 490 personas voluntarias, mayoritariamente mujeres (332). Sus pilares son la formación de los equipos (que mejora la detección precoz) y la sensibilización dirigida a las propias personas mayores, a las que se facilitan herramientas para conocer, ejercer y defender sus derechos.
En la Región de Murcia, la promoción del buen trato y la prevención del maltrato se trabajan de forma transversal en todos los proyectos dirigidos a mayores. La labor se completa con la colaboración de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado -Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local-, que imparten talleres de prevención de robos, estafas y ciberseguridad en las localidades donde Cruz Roja interviene.
