Navidad

Confitería Maite reivindica el roscón artesano: "Un día y medio de trabajo para que la masa hable"

Juan Carlos Hernández, responsable de Confitería Maite, explica que el secreto del auténtico roscón de Reyes está en la paciencia, la fermentación lenta y materias primas de calidad, frente al producto ultraprocesado que invade el mercado.

Julián Vigara

Murcia |

Juan Carlos Hernández de Confitería Maite

El roscón de Reyes vuelve a convertirse en el gran protagonista de la Navidad murciana y, un año más, Confitería Maite defiende la esencia del dulce más esperado de estas fechas. Su responsable, Juan Carlos Hernández, recuerda que detrás de cada roscón artesano hay horas de trabajo, reposo, mimo y respeto por la tradición. Frente a un mercado donde "el 80% del roscón que se vende es ultraprocesado", señala que un verdadero roscón necesita casi un día largo o día y medio para su preparación, fermentación y reposo, porque "la masa debe hablar y no debe llevar ni acelerantes ni conservantes".

Hernández destaca además la evolución del producto: desde el roscón sencillo con fruta confitada y una única sorpresa, hasta los actuales rellenos de nata, crema, trufa o sabores más modernos como el pistacho o el Kinder, sin perder la esencia de la receta tradicional. Mientras el público murciano adelanta cada vez más el disfrute de este dulce, Confitería Maite mantiene su filosofía: producir menos, pero garantizar excelencia, porque la misión no es hacer roscones "como un supermercado", sino ofrecer calidad y fidelizar al cliente con autenticidad y sabor.

Pero el roscón es mucho más que una receta: es historia y cultura gastronómica. Hernández recuerda que no es un invento reciente. Aunque existen referencias en la Antigua Roma sobre panes festivos con sorpresa, la tradición moderna del roscón es francesa y llega a España a principios del siglo XIX, implantándose primero en Madrid y Barcelona antes de extenderse al resto del país. En Murcia su presencia se consolida más tarde, a partir de mediados del siglo XX, cuando hornos tradicionales comienzan a elaborarlo de forma estable hasta convertirlo, ya en los años 70 y 80, en el símbolo navideño que hoy conocemos.

Con el paso del tiempo, el roscón también ha evolucionado. Pasó de ser un dulce sencillo, sin relleno, coronado únicamente con fruta confitada y una sorpresa, a incorporar crema, nata, trufa y nuevas tendencias como el pistacho o los rellenos infantiles que hoy triunfan. Aun así, Confitería Maite defiende el equilibrio entre innovación y esencia, elaborando roscones con sello propio, cuidando el punto de cocción y apostando por calidad antes que por cantidad. "Es mejor quedarse un poco corto que hacer producción masiva", afirma Hernández, convencido de que quien prueba un roscón artesano vuelve a hacerlo el próximo año.