Por contemporaneidad –que no para polemizar– hoy hablaré implícitamente de:
Genocidio, ilegalidad internacional, estrategia geopolítica, interés socioeconómico, crueldad, injusticia, ocupación y colonización, impunidad, segregación racial y xenofobia, insolidaridad, sabotaje, irresolución, desamparo, indignación, negocio de la guerra y beneficio de confesos planes de reconstrucción, sionismo –que no semitismo– y, llamativamente, más cosmopolita y con más música que nunca.
Querida oyente, como podrás percibir me es imposible resumir o destacar los principales estímulos que me han empujado a dedicar nuestro NMHA a un lugar como Palestina –que no Territorios Palestinos–, en este tan breve espacio de tiempo.
Lo realizo porque creo en la labor de tantísimas ONG que asisten a los indefensos y velan por nuestros derechos; así como en el involucramiento de ciudadanas anónimas (y algunas celebridades) en manifestaciones, protestando para pedir el boicot a equipaciones deportivas o concursantes televisivos que representen a países incumplidores con la razón propia del humanismo.
Personalizándolo en la experiencia de reporteras de guerra como Teresa Aranguren, en el posicionamiento de disc-jockeys como EME, en realizadoras de películas como Hanna K., No Other Land u otras, en el arte y compromiso de músicos como Roger Waters, Billy Bragg, Macklemore, KNEECAP, Brian Eno, Björk o Massive Attack y en las decenas de recopilatorios benéficos, aunque underground, distribuidos en casete o Bandcamp que se alejan totalmente de los intereses de Spotify.
Texto: Miguel Tébar, periodista musical
Producción: Sol Rentero
