La industria de la conserva vegetal no fue un sector menor. Fue una pieza central de la modernización agroindustrial murciana. A finales del siglo XIX empiezan a consolidarse en Murcia las prime-ras factorías modernas y, en las primeras décadas del XX, la región se especializa con fuerza en frutas al natural y, sobre todo, en pulpa de albaricoque para la exportación. De hecho, a mediados de los años veinte, España dominaba el mercado internacional de pulpa de albaricoque y el producto murciano alcanzó tanto prestigio que llegó a venderse como “estilo de Murcia”. Una industria que colocó a la región en los circuitos internacionales.
Y hay un dato muy expresivo: entre finales de los años cincuenta y finales de los setenta, más del 80 por ciento del personal de producción eran mujeres.
Se decía que las mujeres eran especialmente aptas para ese trabajo por su paciencia, su delicadeza o su destreza con las manos. Pero ese elogio escondía una trampa. Porque esa habilidad no se reconocía como cualificación profesional. Se daba por sentada. Se naturalizaba. Y al considerarse un trabajo “de mujeres”, se podía clasificar como trabajo no cualificado y pagar peor.
