En tiempos de crisis y egocentrismo, aún hay quienes deciden poner su talento al servicio de los demás. Es el caso del Dr. José Gil, cirujano general del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, presidente y fundador de la ONG ITARA, una organización que lleva asistencia quirúrgica a países con escasos recursos sanitarios.
El Dr. Gil fue el primer invitado de la nueva etapa de Universo Maite, el espacio de Confitería Maite para Onda Cero Murcia, que arranca la serie 'Murcianos extraordinarios'. "Si tengo un talento que puedo exportar y poner al servicio de quienes no tienen acceso a la salud, ¿por qué no hacerlo?", explica con serenidad. No hubo un rostro concreto que lo empujara, dice, sino algo más profundo: "viene del interior, de ese impulso que todos llevamos dentro de ayudar a los demás".
De Murcia a Guinea: 380 operaciones en 15 días
ITARA -nombre tomado de una lengua tribal centroafricana que significa 'ayudar al desfavorecido'- trabaja con un equipo de médicos, enfermeros y voluntarios que se pagan de su bolsillo los viajes, seguros y gran parte de la logística. "No tengo palabras para describir su entrega", confiesa el cirujano.
En su última misión, el equipo operó en Guinea Ecuatorial, en una zona fronteriza entre Gabón y Camerún. En apenas dos semanas realizaron 380 intervenciones quirúrgicas -y dejaron casi un centenar de pacientes pendientes por falta de tiempo- en especialidades como cirugía general, ginecología, infantil y plástica.
"Ya es la quinta vez que vamos y cada vez nos piden más ayuda. Ahora nos reclaman también en oftalmología, urología y traumatología", comenta el doctor, consciente de que la necesidad no da tregua.
Quirófanos portátiles y garantías europeas
Las condiciones en las que trabajan distan mucho de las europeas, pero el doctor insiste en mantener los mismos estándares. "Nuestra premisa es ofrecer la misma calidad asistencial que un paciente recibiría en España", explica.
El equipo lleva su propio instrumental y aplica estrictos protocolos de esterilización y seguridad.
El seguimiento postoperatorio se asegura a través de acuerdos con instituciones locales -principalmente la Iglesia y los ministerios de sanidad locales-, que continúan los cuidados tras el regreso del equipo a Murcia. "Durante los 15 días que estamos allí hacemos el seguimiento inmediato; luego ellos nos informan telemáticamente de cualquier complicación", añade.
No hay mayor muestra de amor que un padre que te entregue a su hijo
La voz de José Gil se quiebra al recordar una historia: "Un padre nos entregó a su hijo para que lo trajéramos a Europa, porque allí tendría más posibilidades de vivir. No hay mayor muestra de amor que esa. Esas historias te rompen… y también te impulsan a volver".
El doctor reconoce que, con los años, se vuelve más vulnerable emocionalmente: "el mundo de los niños me conmueve especialmente. Cuando recuperas a un niño, recuperas a toda una familia".
Lo que le quita el sueño
Lo que más le preocupa hoy no son las cicatrices quirúrgicas, sino las de la gestión. "Preparar las campañas, financiarlas, animar a los voluntarios… eso me quita el sueño. Tenemos proyectos abiertos en Madagascar, Guinea y el Sáhara, y mantenerlos en marcha requiere mucha energía", admite.
Más allá de la cirugía
El testimonio del Dr. José Gil revela algo más que una misión médica: es una lección de humanidad. En una época marcada por el individualismo, su historia nos recuerda que aún hay quienes entienden la medicina no como un oficio, sino como un compromiso con la vida.
Porque, como él mismo resume, "cuando uno puede aliviar el dolor de otro, y lo hace, ya ha ganado mucho más de lo que da".
Texto y entrevista: Julián Vigara
Idea: Juan Carlos Hernández
