El enfermero, Javier Soria aceptó la misión tras dudarlo de cooperar en Gaza: “me lo propusieron y, al principio, no lo veía por motivos obvios. Luego pensé: para esto me metí en este mundo”. El primer impacto llegó nada más cruzar la frontera “fue como una película de terror: un laberinto de hormigón, camiones con comida que no lograban entrar, disparos constantes… y, tras horas de controles, un paisaje de ruinas”. En la zona costera, entre la multitud, algo le marcó, “muchos niños sonriendo nos hacían el gesto del ok con el pulgar. Ahí pensé: ya sé por qué he venido”.
Las noches, dijo, fueron especialmente duras “bombas a cualquier hora, helicópteros, metralletas… me puse tapones para poder dormir. Y el zumbido de los drones, todo el tiempo; desde la cama los veía. Pensaba: podrían dispararme con precisión y nadie se enteraría”.
A la pregunta de si volvería, su respuesta fue inmediata “Sí.” Estuvo siete semanas. Explicó que, por la presión psicológica, en esta misión MSF impuso un máximo de dos meses de estancia (“al principio, incluso un mes”) cuando lo habitual en emergencias son unos tres meses y en contextos más estabilizados, seis.
Paradójicamente, lo más duro para Soria no fue lo vivido dentro, sino la vuelta, abandonar ese sitio. Haces vínculos, sientes que tu trabajo es necesario. Irme al confort de aquí, sabiendo que ellos se quedaban, me generó culpabilidad. Volví hace un año y mantengo el contacto”. Entre esas amistades, mencionó a un cirujano cuya casa quedó destruida durante la noche: “Se despertó entre escombros por el llanto de sus hijos; a su mujer la encontraron con la pierna partida. Cuando te toca de cerca, duele de otra manera”.
Sobre su entorno, Soria reconoce el temor de su familia cuando comenzó en Yemen, pero también su apoyo, “respetan lo que quiero hacer y entienden la vocación. Por raro que parezca, es un trabajo”.
La entrevista puso en valor el papel de la enfermería en primera línea humanitaria, no solo en la asistencia clínica, sino en el acompañamiento a pacientes y familias en situaciones límite “estar al lado es, a veces, lo único que se puede hacer. No hay palabras que alivien algo así”.
Créditos: Declaraciones recogidas en Tiempo de Enfermeras, espacio de divulgación de Más de Uno Murcia (Onda Cero) en colaboración con el Colegio de Enfermería de la Región de Murcia.
Redacción: Julián Vigara
