Hoy venía pensando en… la vuelta de la ilusión del valencianismo.
El Valencia arranca la nueva temporada este próximo sábado ante la Real en Mestalla. En pleno mes de agosto y con ola de calor por el medio y ante un rival que no es ni el Real Madrid ni el Barcelona, a esta hora apenas quedan una treintena de entradas a la venta. Una vez más la cifra de asistencia lleva camino de colgar el cartel de no hay billetes. Mestalla, se está quedando pequeño.
No es casualidad. El año anterior, y con todo lo que se sufrió, la cifra media de asistencia estuvo por encima de los 40.000 espectadores cada partido. El Valencia engancha esté bien o esté mal y esa afición es la que genera el poder y la magia de Mestalla. Ese poder y esa magia a la que temen tantos y tantos equipos, tantos y tantos futbolistas.
Si a todo esto le añadimos que por fin el mercado veraniego del Valencia se asemeja a lo que se puede esperar de un equipo de fútbol y le unimos la espectacular segunda vuelta que hizo el equipo de la mano de Corberán, es más que lógico que la afición se haya vuelto a ilusionar. Lejos de rellenos para completar plantilla y haciéndole caso al entrenador se ha conseguido mejorar lo que había. Nada que ver con años anteriores en los que cada verano se debilitaba más y más la plantilla. Ahora sí hay sensación de que se quiere crecer con esa llegada de esos seis nuevos jugadores y las renovaciones de piezas clave como son Javi Guerra, César Tárrega y la que está al caer de Diego López.
Mañana habla Ron Gourley. Tengo ganas de escucharle. Quiero oír de su boca cuál va a ser el objetivo real de esta próxima temporada. Porque tengo la sensación que por fin podremos dejar atrás esas dos palabras llamadas “no descender”.

