Hoy venía pensando en… los entradones de Mestalla.
No deja de fliparme. En los dos partidos que llevamos hasta el momento en Mestalla esta temporada la entrada ha estado por encima de los 45.000 espectadores. En el primero, ante la Real 45.333 y en el segundo ante el Getafe incluso se superó esa cifra llegando a los 45.449. En pleno mes de agosto, con un calor asfixiante y sin ser ni el Real Madrid ni el Barcelona.
Si a todo esto le añadimos que el Valencia lleva seis años sin pisar Europa, que los últimos años ha estado peleando por no descender, que salvo este verano los fichajes han sido verdaderamente infames y que Lim lleva maltratando a esta afición tantos y tantos años… el caso es digno de estudio. Otra afición en estas circunstancias ya habría abandonado el estadio. Sin embargo el año pasado, uno de los peores hasta la llegada de Corberán, la media de asistencia fue de más de 40.000 y esta temporada se ha batido el récord de abonados.
¿Qué tiene el Valencia? Me preguntaba esta mañana. Lo que tiene es ese sentimiento arraigado que se transmite de padres a hijos, de abuelos a nietos, de generación a generación. El valencianista ha vivido grandes momentos sobre todo a principio de este mismo siglo pero en los últimos años ha tenido que sufrir de lo lindo y pese a ello ha seguido aumentando el número de seguidores. El valencianismo está más vivo que nunca.
Por eso me da rabia cuando desde determinados sectores se le critica de manera injusta. Porque sí, Mestalla es exigente sí, pero fruto de esa exigencia han llegado sus mejores momentos de su historia. Pero será que eso no les gusta. Será que prefieren que nos conformemos con las migajas. Y no, el valencianista, pese a todo, jamás se conformará con las migajas que dejen Real Madrid o Barcelona…

