De la UMH de Elche

Un estudio alerta que los adolescentes sienten "presión social y digital" que les exige mostrarse "perfectos y aceptados"

Del Observatorio Español de la Salud Mental Infanto-Juvenil

David Alberola García

Elche |

Niña con un teléfono móvil.
Niña con un teléfono móvil. | Europa Press

Un informe del Observatorio Español de la Salud Mental Infanto-Juvenil concluye que los adolescentes sienten una fuerte presión social y digital que les exige mostrarse perfectos y aceptados, ocultando su vulnerabilidad.

Nacido como un proyecto del Centro de Investigación de la Infancia de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, el citado observatorio tiene en marcha un estudio con la participación de cerca de 200 niños, adolescentes y familias de la Comunitat Valenciana, Castilla-La Mancha y Murcia.

El informe hecho público este jueves señala también que las familias reclaman mayor educación emocional en la escuela y el hogar.

A partir del análisis de veinte grupos focales se ha llegado a la conclusión de que la gestión del malestar se configura de manera distinta según la edad, pero con elementos comunes.

En ese sentido, los niños y las niñas de Primaria suelen expresar lo que sienten y buscan apoyo inmediato en su familia o amigos, mientras que en la adolescencia emerge con fuerza la presión social y digital.

José Pedro Espada, catedrático de la UMH de Elche, que es uno de los autores del informe, ha destacado que “la norma social de estar bien siempre refuerza el estigma hacia las emociones negativas y favorece el silencio emocional”. Ha añadido que “aunque recurren a sus amistades como principal sostén, el apoyo no siempre resulta suficiente frente a la sobrecarga que generan las redes sociales y las expectativas académicas”.

El estudio plantea la necesidad de impulsar, entre otras medidas, la “educación emocional desde la infancia”, incorporando “de forma sistemática en los colegios programas de identificación, expresión y regulación de emociones”, así como “fortalecer el acompañamiento familiar”, ofreciendo recursos de orientación y talleres prácticos a padres.

También propone dos aspectos más. Uno: “promover un uso saludable de la tecnología”, formando en ese aspecto a adolescentes y familias.

Por otro lado, sugiere crear espacios en asociaciones, centros juveniles y entornos educativos en los que niños y adolescentes puedan compartir experiencias y encontrara apoyo más allá de sus familias.