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ELCHE DESDE EL PIRULÍ

No te olvides de las europeas

Antonio Parreño, periodista ilicitano de TVE, opina en Onda Cero acerca de la importancia de las elecciones del 26M, no solo en lo que se refiere a las municipales

Antonio Parreño
  Madrid | 24/05/2019
El ilicitano Antonio Parreño, periodista de TVE.

El ilicitano Antonio Parreño, periodista de TVE. / Onda Cero Elche

Después de ir a votar el 28A en las generales y autonómicas, ahora toca volver a las urnas el próximo domingo. Es el día en que se decidirá el gobierno local durante los próximos cuatro años y quién estará al frente del Ayuntamiento. Desde luego, son unas elecciones que importan. Tu entorno más cercano, tu calidad de vida o, quizá, hasta tu trabajo o tu sueldo dependa del resultado de las municipales.

Igual estás harto de tantas elecciones. Ya podrían haberlas juntado todas en un único día y nos habríamos ahorrado pasta y tiempo. O estás harto de los políticos. De los nacionales y de los locales. Quizá pienses que no dan la talla o que son todos iguales (bueno, por lo que se ha visto en la campaña, alguno tiene superpoderes y ha logrado salir en los informativos nacionales, lo cual ya es en sí una hazaña). Pero no podrás decir que te da igual el resultado.

Desde luego las elecciones municipales importan. Pero yo lo que quiero pedirte hoy es que, el domingo, no te olvides de las europeas. Tanto si piensas ir a votar como si no. Aunque a muchos les pueda sonar a discurso hueco, lo cierto es que las elecciones al Parlamento Europeo van a ser decisivas para nuestro futuro. También para el de los ilicitanos.

Nos guste o no, las decisiones más importantes que afectan a los ciudadanos de todos los países de la Unión se adoptan en la Eurocámara junto al Consejo Europeo, y se ejecutan por la Comisión, cuyo presidente saldrá de entre los eurodiputados.

Y aunque a veces no se explique bien –y los políticos no contribuyen demasiado a hacerlo- todas las medidas que afectan a los consumidores y a las empresas, y, por tanto, al empleo vienen de Europa. Cualquier medida financiera, de competencia, del mercado digital o de medio ambiente se decide en primera instancia en Bruselas o en algunas de las instituciones comunitarias. De lo que allí se decide depende que se apliquen políticas de austeridad o de expansión económica, pero también el rumbo de las políticas que determinan los pescados que comemos o los tomates y naranjas que vendemos.

También que vengan o no cada vez más turistas al aeropuerto de El Altet (cómo me cuesta llamarlo “de Alicante-Elche”) en compañías low cost o que puedas reclamar por la cláusula suelo que te pusieron en la hipoteca, qué inmigrantes y refugiados llegarán a la ciudad o si vas a poder fumar y dónde.

Es verdad que el Parlamento Europeo parece tener menos poder que los parlamentos nacionales, que parece un mera comparsa a la que los partidos, con su ceguera habitual, envían a los dinosaurios o a los que han perdido sus batallas internas, pero es una percepción engañosa porque esa cámara tiene una capacidad decisiva para condicionar cualquier decisión de calado en la vida de los ciudadanos de todo el continente.

Es verdad también que la Unión Europea, como sueño o proyecto de futuro y de modernidad, ha decepcionado a mucha gente por su exceso de burocracia, su opacidad y la percepción de que durante la crisis no estuvo lo suficientemente cerca para ayudar a los que más sufrieron. Los británicos han votado marcharse, aunque muchos lo hicieron engañados por políticos sin escrúpulos y, a la vista del caos provocado, ya se están arrepintiendo. Estar en un mercado único enorme cuenta con muchas ventajas, y estar fuera de él grandes inconvenientes, como pronto comprobarán los británicos (salvo que al final opten por salir del laberinto volviendo a la casilla de salida).

Pero, además, estas elecciones son decisivas porque en varios países europeos (también en el nuestro) renacen algunas ideas que disfrazan de euroescepticismo lo que es puro nacionalismo e, incluso, racismo y xenofobia. Y los partidos que las defienden podrían tener más peso que nunca en el Parlamento Europeo. Y van a tratar de destruir la Unión Europea desde dentro. Hay que pensarlo bien: con sus defectos, el proyecto europeo sigue siendo la única manera de que tengamos peso en un mundo en que EEUU y China se juegan a los dados lo que vale un Iphone. Y si eso ocurre, lo vas a notar tú también en Carrús, en Altabix o cuando vayas a comprar en el Mercado Central, te lo aseguro.

Por eso, cuando este domingo decidas si vas a votar o no, piensa en quién quieres que sea el alcalde, por supuesto. Pero no te olvides de las europeas. En esa urna también te juegas mucho.