El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución pública española que estuvo vigente entre 1902 y 1985 que, especialmente bajo la dictadura franquista, se dedicó al control, represión y “reeducación” de mujeres consideradas fuera de la moral oficial.
Originalmente fundado como Patronato Real para la Represión de la Trata de Blancas, pretendía combatir la trata y la prostitución de menores de edad. Sin embargo, con el franquismo su función se transformó, enfocándose en una férrea vigilancia de la “conducta moral” femenina, con la misión declarada de redimir mujeres “caídas o en riesgo de caer”, apartarlas del “vicio” y educarlas según los preceptos católicos patriarcales.
El Patronato operaba centros de internamiento a cargo de órdenes religiosas, donde eran retenidas jóvenes menores y también mayores de edad, consideradas díscolas, rebeldes, embarazadas fuera del matrimonio, o simplemente transgresoras del modelo franquista de mujer, incluyendo lesbianas y chicas con problemas de salud mental. La reclusión podía durar hasta los 25 años, incluso sin mediación de delitos; la correspondencia y las comunicaciones estaban censuradas, estaba prohibido hablar con las compañeras y las internas eran a castigos vejatorios e inhumanos y adoctrinamiento religioso. La comida era insuficiente y de ínfima calidad sin embargo las reclusas hacían trabajos, principalmente de costura que las monjas sí cobraban a empresas ligadas al régimen o a familias adineradas, por los que las trabajadoras jamás recibieron remuneración alguna.
Paquita Beltrán fue internada en el Patronato por decisión de su madre para liberar una habitación en su casa de Castellón y por su actitud contestataria. Con 16 años y sin ella saberlo, la familia la emancipó judicialmente y quedó internada en un convento de Valencia. Durante 6 años jamás fueron a visitarla. A pesar de ello ya de mayor, Paquita fue la única de las hermanas que acogió a la madre en su casa para asumir sus cuidados.
En esta entrevista Paquita relata cómo llegaban al Patronato Mujeres embarazadas por violaciones en el seno familiar y las monjas les quitaban los hijos para dárselos a otras familias que pagaban por tenerlos.
Hasta su desaparición en 1985, el Patronato ejerció un control opresivo sobre miles de mujeres, que sufrieron trabajos forzados, separación de madres e hijos y una “pedagogía del miedo”. Actualmente está reconocido como una institución de represión franquista y sus víctimas están trabajando para sacar a la luz todo lo que allí pasó y ser integradas en la Ley de Memoria Histórica.
