Me resultan incomprensibles los sinsentidos. Diría yo que insoportables cuando intuyes que no son fruto de un error o por falta de entendimiento, sino forzados con descaro. Acaba indignándote cuando quienes los agitan tienen como fin intentar colártela, como si dieran por sentado que su público es tonto, rematadamente tonto. Vivimos un tiempo donde la mentira y el sinsentido no solo parecen legítimos, sino que se consumen y aplauden por una minoría radical que es quien impone su dictadura ideológica.
Pues bien, ahí tenemos a María Corina Machado, flamante Premio Nobel de la Paz. Es verdad que es un galardón político e interesado, por supuesto, porque no habérselo dado al Papa Francisco me parece un despropósito. Sin embargo, esto no exime el prestigio y la legitimidad de quienes lo reciben. A María Corina se lo otorgaron por su incansable labor en la defensa de la democracia en Venezuela, sobre todo después del fraude electoral de Maduro en julio de 2024, reconocido ampliamente por la comunidad internacional, por líderes de izquierda como el brasileño Lula da Silva o el chileno Gabriel Boric. Ambos presidentes exigieron a su colega que publicara las actas electorales que la oposición y el mundo exigían, pero el presidente venezolano nunca lo hizo. Entre los pocos que dieron coartada a esta ilegalidad están el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el gobierno español.
La señora María Corina Machado llegó a ser candidata presidencial de la oposición en las primarias del año 2023, pero el régimen de Nicolás Maduro la inhabilitó y amenazó a causa de su tirón electoral. ¿Cómo lo hizo? Pues de la misma forma que acabó ganando las elecciones en 2024. Tanto Cuba, Venezuela o Rusia son estados de etiqueta democrática donde, desde luego, es incuestionable el líder y su continuidad política. Se trata de uno de esos tantos sinsentidos para tontos y mentiras de propaganda.
La realidad es que María Corina Machado, tras el último fraude electoral y la huida del legítimo presidente Edmundo González del país, con el fin de salvar su vida, tuvo y tiene que resistir escondida bajo amenazas de detención. Su residencia es clandestina por evidentes necesidades de seguridad y, desde su posición, aviva y resiste entre el clamor del pueblo venezolano que, por desgracia y al parecer, no tiene la visibilidad del pueblo palestino.
Es por todo esto que doña María Corina Machado ha obtenido el premio Nobel de la Paz y resulta indignante escuchar al grupo Sumar, a Podemos y a todos sus satélites tratarla de golpista y comparar su galardón con el que podría haber recibido Adolf Hitler, tal como expresó Pablo Iglesias.
¿Y nuestro presidente? ¿Qué ha dicho Pedro Sánchez que tiene el dedo ligero para haber tuiteado en otras seis ocasiones a los restantes premios Nobel de la Paz? Pues nada. No ha dicho nada. Ni siquiera cuando se le ha preguntado sobre ello en la Cadena SER, donde manifestó que él no se pronuncia sobre los premios Nobel de la Paz. No sorprende una mentira más, desde luego, sino el hecho de que continúe engordando la gigantesca pregunta que se hacen muchos: ¿Qué relación tiene nuestro presidente con Nicolás Maduro? ¿Acaso Pedro Sánchez ignora su relación con el narcotráfico y su situación al margen de la democracia? ¿Qué calla el gobierno español sobre Venezuela? ¿Por qué ese empeño en el sinsentido?
Las respuestas creo que arrojan muchas sospechas y no lo dejan en buen lugar. Pero creo que a él le da igual. Una mancha más para el tigre, dirá. Pues eso.
