El contexto social emerge como un factor determinante en el inicio del consumo: el 75% de los adolescentes inicia el consumo por influencia de sus amigos, el 79% aceptaría fumar si un amigo ofrece y el 47% asocia el uso de la cachimba con socializar. El acceso a la cachimba resulta relativamente sencillo, ya que el 38% de los menores de edad ha consumido en locales públicos sin restricciones. En cuanto a los patrones de consumo, el 37% mezcla la cachimba con alcohol y el 54% la utiliza como único producto tabáquico, lo que sugiere su papel como puerta de entrada al tabaquismo. El factor familiar también se muestra relevante: los consumidores tienden a tener padres con un menor nivel educativo (39% de padres universitarios frente al 63% entre los no consumidores) y perciben una mayor indiferencia familiar ante el consumo (28% frente a 7,7% entre los no consumidores).
