'Las patas muy cortas'
✍ Por Román Pérez González
Hay un capítulo del podcast ‘El país de los demonios’, interesantísimo documento sobre lo que subyace tras las tropelías de Villarejo que se llama así, Teloneros y Rock Star en el que los jueces encargados de desentrañar la trama de la corrupción descubren que hay documentación relevante de personas conocidas y otras de anónimos. El podcast es un trabajo sensacional porque se ve el coste personal que le supone al juez llegar al fondo del caldero.
El Sporting — Las Palmas fue un partido de teloneros, sin desprestigiar a los que participaron, por supuesto, pero sí que fue un encuentro marcado por las bajas, especialmente llamativas en los asturianos: ni Otero, ni Corredera, ni Gaspar Campos, ni Dubasin fueron de la partida; en la UD las ya conocidas bajas de Viera, Jesé, Sandro y Recoba más las sorprendentes suplencias de Ale García y Marvin o la aparición de Kirian en el 85'.
A priori la oportunidad de encontrar un botín mayor era fabulosa, pero el encuentro no se salió ni un ápice de lo propuesto por ambos técnicos; uno por las bajas y el otro por el conformismo ya manifiesto de Luis García cada vez que el equipo se sube a un avión: sigue sin perder, sí, pero el objetivo no es cazar un gol, sino sostener la portería en defensa y tratar de lograr un gol. Marcar no es el objetivo inicial; el objetivo es no encajar. Lo opcional es el ataque; lo vital la defensa. La UD volvió a disparar tres veces a puerta en todo el partido, ambos chuts en la primera parte y un palo en la segunda, bagaje más que suficiente otros días, pero hoy escaso dada la oportunidad y el escenario.
Una pena. El guion monótono y plomizo del partido generó en mí la sensación que llega a veces en las que uno se pregunta qué está haciendo con su vida viendo esa propuesta, sufriendo, un domingo a mediodía con toda la vida alrededor bullendo, con un bebé dándolo todo destruyendo el salón como solo los bebés saben, con gente bañándose en El Agujero disfrutando y uno ahí, bobiando, obnubilado, ridículo, cabizbajo pendiente de la presión alta o de no sé qué movida para finalmente llevarse tres amagos de alegría y dos sustos en una hora y media más descuento de vida.
Se sumó un punto, pero en dos días nadie recordará nada de este partido, como sucede con casi todos este año, un chispazo, cuando llega y el resto es un páramo de esfuerzo y sudor. Por ahora da, pero desde que haya tres resultados contrarios no habrá casi nada a lo que agarrarse. Esta estrategia tiene las patas muy cortas.
