'Aires difíciles'
✍🏻 Por Román Pérez González
En la maravillosa novela ‘Los aires difíciles’ la escritora Almudena Grandes utiliza la metáfora del ambiente cambiante a partir del viento en Cádiz y de cómo este condiciona la vida de los personajes; lo llaman levante y poniente y, aunque son términos que nosotros aquí no usamos, sí podemos entenderlo bien sobre todo si hemos ido a Pozo Izquierdo, por ejemplo, a Famara o a Jandía. El viento puede cambiar las cabezas y no hablo de pelos. Cuando el viento cambia poco hay que hacer ante Eolo, dios del viento en la mitología griega. Resistir como las sabinas de El Hierro.
La UD vive en un estado de frustración. Es evidente. El equipo no es que no quiera es que lo que antes iba de cara; ahora no es viable, no da, no llega. El viento ha cambiado. El equipo acumuló más ocasiones que en tres o cuatro partidos de la primera vuelta juntos y no consiguió batir a Ander Cantero, a quien no tenía el gusto de conocer hasta hoy. Antes con poco, con ocasión y media ya daba para sumar; el equipo era un castillo inexpugnable atrás y arriba aprovechaba lo que caía, pero ahora ya no. De aquello empieza a hacer ya tiempo: hace cinco partidos que no gana, y el último, y esto no es un demérito, pero sí un indicio, ganó en el primer partido del año de forma postrera en el debut con gol de Pedrola.
Todavía no habían llegado los Reyes Magos de Oriente, faltaban tres borrascas por venir, el mundo era otro, literalmente, pero parece que hace muchas vidas de aquello. Todo enero y el inicio de febrero. 3 puntos por tres empates desde ese día en el casillero. No todo puede estar en la bolsa de la fortuna, está claro, y cada partido es un mundo en sí mismo, pero este partido en la ola buena acaba 3–0 sin problema. No contó Luis García hoy con Viera por motivos personales (fue padre) y se notó, Fuster no termina de ser contundente cuando debe serlo, Ale García, que era un rayo y un incordio ahora no es el mismo que fue antes de la lesión, Jesé ya asentado, pero sin la posibilidad real de crear peligro, volvió a jugar Miyashiro, buen disparo y ya está y volvió a jugar Iker Bravo, sin trascendencia ninguna al igual que Benedetti, Kirian jugó también media hora, pero nada hubo que hacer.
No es una causa concreta lo que falla, sino el cúmulo de desdichas individuales que están creando un potaje de melancolía. Se sigue cerca de la cabeza, pero ya digo, el viento, ahora mismo, ya es distinto. Mirandés fuera y Castellón en casa siguientes retos.
