Asentado en la isla desde finales de los años 60, Paco recordó su infancia entre calles sin asfaltar en San Antonio y una familia que trabajaba 16 horas al día entre la construcción y la música. “Fuimos de los que ayudamos a construir la Ibiza que conocemos”, destacó, al tiempo que defendió una mirada realista: “No se trata de volver atrás, sino de actuar con las circunstancias que tenemos hoy”.
Padre e hijo repasaron su legado artístico, marcado por la mezcla de flamenco, chill out y electrónica, un estilo que llevó el sonido de Ibiza a escenarios internacionales. Steve, criado entre la isla y Estados Unidos, explicó que su línea musical busca fusionar hip hop, electrónica y raíces mediterráneas, con letras más intimistas y reflexivas: “Cada vez hay menos mensaje en la música urbana actual”, lamentó.
En cuanto al panorama musical, Paco Fernández fue tajante: “Para mí solo hay música buena y música mala”, y criticó la superficialidad de ciertos estilos: “El reguetón no me dice nada; todas las canciones suenan igual”. También se mostró escéptico con la industria y la obsesión por la imagen, reivindicando la esencia: “Yo cierro los ojos y escucho la música”.
Sobre la inteligencia artificial aplicada al arte, ambos coincidieron en su rechazo: “¿Dónde está la emoción?”, se preguntó Paco, mientras Steve añadió que “una máquina podrá imitar la técnica, pero no el alma”.
La entrevista también repasó sus giras por Europa, su etapa junto al mítico José Padilla en los orígenes del Café del Mar y la fuerza del flamenco local: “En Ibiza hay muy buen flamenco, lo que falta es que los artistas se lo crean”, subrayó Paco.
Entre risas y recuerdos familiares, padre e hijo cerraron la charla con complicidad, compartiendo incluso su gusto por el bocadillo de jamón serrano con tomate y aceite: un símbolo sencillo de su conexión con la isla que los vio crecer y crear.
