Aba Álvarez es la delegada episcopal. Mara Villaverde es una de las voluntarias. Con ambas descubrimos un mundo que tendemos a juzgar desde fuera. Las voluntarias han decidido dar el paso para dar ejemplo y demostrar que todo el mundo merece una segunda oportunidad. Perdonar y saber ser perdonado, porque tan difícil es una cosa como la otra, afirma Ana.
En prisión se hace muchas cosas con los presos, con quienes se establecen relaciones de confianza y cercanía hasta el punto de que Ana se ha convertido recientemente en la madrina del pequeño Martín, cuya madre dio a la luz mientras era presa en Villabona. O se asume el papel de "madre", animando a estudiar y aprovechar el tiempo en la cárcel. Muchas veces, apunta Mara, es algo que agradecen porque tienen detrás una vida de falta de referentes.
Aunque la privación de libertad facilita que muchas personas encuentren o regresen a la iglesia, la labor de las voluntarias no lo exige. Atiende a reos de todo tipo de religiones, y también trabajan y apoyan a las familias, que sufren desde fuera esa doble condena.
