Estamos hablando de un problema de salud mental que hasta tiene su propia "depresión navideña" (si se alarga más de dos semanas lo será). Muchas emociones, mucho estrés, muchos recuerdos para las personas queridas que ya no están. Isabel Menéndez Benavente nos recomienda un punto de partida: no amargar las fiestas a los demás y saber decir que no.
Más allá de nuestra situación emocional, debemos tomarnos las fiestas como un periodo de encuentro, sin ponernos unas expectativas desorbitadas. No fustigarnos si tenemos una serie de excesos (luego nos pondremos a compensarlos) y disfrutar del proceso de búsqueda de regalos para nuestros familiares o amigos. Y si lo estamos pasando mal, no forzarnos a nosotros mismos y saber recibir el apoyo y el ánimo de nuestro entorno, que no debería obligarnos a parecer las personas más felices del mundo.
Para evitar los dramas familiares y las discusiones, es preceptivo establecer una serie de normas previas. Pedir que no se hable de política, religión o no se trate de solucionar esos problemas familiares que se arrastran desde hace tiempo es una muy buena idea.
En el caso de quienes pasan las navidades solos sin desearlo, la solución es más complicada. Isabel cree que deberían abrirse espacios para que todas esas personas, sobre todo mayores, pudieran reunirse con otros que estuviesen solos como ellos.
