Un niño con posible TEA presta atención a los objetivos. Le cuesta mirar a las personas. Esa es una de las claves en las que se ha basado Adansi y la universidad de Oviedo, que utiliza la inteligencia artificial para, a través del seguimiento ocular, permite detectar de manera objetiva los indicadores de riesgo de TEA en bebés a partir de 9 meses, mucho antes que los métodos tradicionales. Se pone al bebé una serie de vídeos diseñados para evaluar la interacción social y los patrones de su mirada. Mientras observan, un dispositivo de seguimiento registra con precisión cada movimiento de sus ojos. Esa información se procesa, después, a través de un algoritmo basado en inteligencia artificial que determina los riesgos de TEA con alta precisión. Los métodos de detección más utilizados en la actualidad, como el M-CHAT-R, requieren de un mínimo de 16 meses de edad y se basan, como decíamos, en medidas subjetivas como cuestionarios a sus progenitores, lo que puede introducir sesgos.
El proyecto está ahora mismo en búsqueda de financiación para que pueda desarrollarse en red. Hay muchos centros interesados en utilizarlo y el objetivo final es conseguir que sea un sistema de cribado homologado y utilizado. Cuanto antes se tenga constancia del problema antes de puede actuar, y es fundamental para los niños con TEA.
